LA PRIMERA LUCHA DE CONTAMINACIÓN AMBIENTAL DE COSTA RICA

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Fraser Pirie narra , cómo fue que se dio la primer lucha de toda una comunidad contra la contaminación ambiental y cómo  Agua Caliente de Cartago puso en "jaque" al gobierno y los intereses económicos allá por la década de los 70.

En Agua Caliente de Cartago se dió la primer lucha contra la contaminación ambiental de Costa Rica.

 

“La Primera Lucha de Contaminación Ambiental de Costa Rica”

Por Fraser Pirie
 

Cuando yo empecé la parte laboral de mi vida, allá en 1971 me asignaron tratar de levantar una finca de café en Agua Caliente de Cartago. La vida en ese entonces era de mayor vocación agrícola, y trabajar una finca era muy propio de ese tiempo. No serían hasta años después que bajo el gobierno de don Luís Alberto Monge, y que me pareció un excelente gobernante, que se empezará a empujar al país al modelo exportador. Pero aun en los setentas, el país se conformaba con sus trabajos mercantiles y agrícolas.

 

Bajo ese contexto empecé a llegar a la finca Agua Caliente Coffee Company y poco a poco empecé a ir a las actividades de este bello pueblo, adormecido quizás, pero simple y honrado. Como ejemplo de esa sencillez, una noche llegaron a la Plaza frente a la Iglesia, a un mitin político del partido Vanguardia Popular. Entonces yo fui para ver como era eso y que era lo que se hablaba. El que tenía la palabra habló bastante de las injusticias de una mujer a punto de dar a luz adentro de las montañas y la falta de apoyo médico y de ambulancias. En un momento se da una conmoción y un loquillo en bicicleta va pasando tocando su corneta. El cornetazo era...Pe…pe…pe...pe… ¡O sea, Pepe Figueres! Todos los presentes empezaron a reírse y se terminó el mitin. Los camaradas se fueron de vuelta a San José. Es que don Pepe había ofrecido una vaca para todo agricultor y una máquina de coser para las señoras y había entusiasmo en esas elecciones.     

 

El problema que se estaba dando era que Agua Caliente había luchado para tener una fábrica de cemento en su territorio ya que ofrecían trabajos y de ser también productora de ladrillos de barro, lo natural era pasar de ladrillos de barro a cemento. Llegaron los primeros promotores de esa fábrica y como decían que era la Industria Nacional de Cemento, muchos vendieron sus parcelas que valdrían millones por su derecho de minería y de extracción de material. ¡Al ser "nacional", pensaron que estaban obligados a entregar el terreno!

 

Cuando la fábrica de cemento empezó, parece que la habían traído desde África y era ya una instalación de segunda mano. Empezaron a trabajar y hoy todavía recuerdo el chorro de polvo que salía de la chimenea día y noche.

Pero aun así, no lo consideramos dañino por la ignorancia propia en la materia. De pronto me encuentro con el inmenso problema de que la finca de café con una extensión de cien manzanas baja su producción de 2000 fanegas de café a la ínfima cantidad de 200 fanegas. Una a dos fanegas de café por manzana equivaldría a unos granitos por mata. O también de veinte a cuarenta canastos por manzana. Significó la parálisis inmediata. Entonces mi Madre Judith Pirie, logró negociar con la Standard Fruit y se empezó la corta de un bosque de bambú de cuatro o cinco hectáreas. Todos los días el chapulín se iba para la Estación de la Northern en Cartago a descargar un viaje de bambú. Se trasladaba a un vagón del tren y se lo llevaban a la zona bananera para usar como puntales para sostener los matones de banano. Era una variedad muy buena, traída originalmente desde la China por orientales a principios de siglo. Quien los trajo calculaba que el bambú sería mejor que la caña brava que se usaba usualmente en las construcciones de bareque. Esta venta de bambú extranjero nos mantuvo por un tiempo.

 

Por todos los medios y con préstamos del Ingenio Florencia en esa época, se trataba de sembrar nuevas lotes de café y buscamos asesoría técnica para aumentar la producción de café. Pero todo fue en vano. La caída de polvo de cemento era real y duradera. Todos los días la chimenea empezaba disparando nubes enteras de polvo que caminaban en el aire hasta ir cayendo a uno, tres y cinco kilómetros de la fábrica. Uno de los directores, el Sr. Jack Harris comentó en la Junta Directiva que difícilmente se podía solucionar y más difícil todavía que los Pirie puedan hacer algo para cambiar la nueva realidad. El Vicepresidente era don Edmond Woodbridge Mangel que fue el padre de la criatura al ser el promotor principal. Al mismo tiempo se había convertido en el suegro de mi hermano Alejandro.

Entonces el problema entre la ruina a que nos tenían sometidos y el hecho que las familias definitivamente no nos lleváramos bien.  Perfectamente entendible. Únicamente que mi madre decidió que no era razón para caer a la ruina por la contaminación absoluta que nos recetaba esta empresa contaminadora.

 

Entonces decidimos pelear y luchar con todos nuestros recursos para defendernos y no dejarnos atropellar. Esa decisión traería una repercusión sobre las buenas relaciones entre las familias ya que ellos defenderían el esfuerzo de su señor padre. ¡Entonces con esa decisión, una mañana de buen cemento, me fui para la fábrica y pasé recto para adentro como Pedro por su casa! Me fui a parar frente a la chimenea y empecé a hacer preguntas, para lo cual salió un europeo muy bravo y me hizo sacado. Luego mi hermano también me recriminó por haber entrado sin permiso y la familia Woodbridge habló bastante. Si claro, fue una osadía mía entrar sin permiso.

 

El señor Guillermo Porras, gerente de esa empresa explicaba que cuando se construyó la fabrica en los 60s, no instalaron ningún filtro y que por un año y medio trabajaron a chimenea abierta. Luego, instalaron un filtro con capacidad de frenar el 99.8% de emanaciones.  En septiembre de 1971, la fábrica toma la decisión de ampliar sus instalaciones ante la mayor demanda de cemento en todo el país.

Para fomentar esa ampliación se instala un nuevo horno. Únicamente que a la mayor capacidad de producción, no se amplia proporcionalmente el proceso de filtración. Empieza de nuevo el problema de la contaminación y la producción de café que andaba por las mil fanegas cae de nuevo y más difícil la situación.

 

En esos años mi madre como representante judicial de Agua Caliente Coffee Company establece una demanda judicial en contra de la Industria Nacional de Cemento, S.A. El Licenciado Roig Mora Chaves, un joven abogado nos lleva adelante la demanda. En primera instancia perdemos y al apelar al Tribunal Superior ganamos. La Industria apela a la Corte Suprema de Justicia, indicando en otros argumentos que el polvo es beneficioso para la agricultura. Años después ganamos la última instancia y nos cancelan una suma simbólica.

 

Sentíamos que teníamos el peso del mundo encima y que era muy difícil probar el daño que nos causaba el cemento. ¿Pero era cemento de verdad? Primero se manda por carta un poco de polvo pegado a unas hojas de café a un laboratorio en Canadá y al recibir el informe de vuelta nos aseguran que es tipo Portland 99 % puro cemento. Con esa primera seguridad recabada, pedimos al laboratorio de la Universidad de Costa Rica, a un señor Madrigal, que nos informara si era cemento o no. Todos estábamos preocupados, tanto de mi finca como de la Industria. Pero, con una gran rectitud y fortaleza, nos informan que efectivamente es cemento sobre las hojas. También de una prueba de fotosíntesis, se explica que la baja de producción se debe en parte a que la hoja esta totalmente cubierta de una cascara dura que impide la fotosíntesis. Sin luz solar, la hoja no puede absorber los nutrientes del sol y crecer. Al no crecer la mata, no se logra una producción de café en fruta. El daño a la zona era impresionante, pero difícil probarlo.

 

El 7 de diciembre de 1974, don Edmond sale a la prensa y aduce que las emanaciones constantes de cemento por la chimenea, es culpa del ICE, ya que ante los constantes cortes del suministro eléctrico, el equipo para volver a funcionar deben volver a calentarse. De este modo pasan unos minutos botando polvo de cemento hasta que se normalice el equipo y entre en funcionamiento el filtro. De ciento ocho cortes que la fabrica indica son culpa del ICE, el ICE responde por escrito que solo han contabilizado 8 cortes en el periodo analizado. Los otros cien cortes parecen sacados del sombrero. 

Por otro lado se sacaban campos pagados en los periódicos y uno de ellos era en contra del Doctor Weinstock, ya que el Ministerio ponía controles rigurosos a industrias en San José, pero en nuestro caso era totalmente negligente. Le pusieron de sobre nombre: “el gran ausente”. Este señor de triste recuerdo para los pobladores de Agua Caliente, sale a la prensa e indica que todo el problema se arreglaba con dinero. Este comentario deslegitima totalmente las pretensiones del pueblo y causa mucha indignación. La fábrica contrarrestaba con importantes campos pagados también en donde señalaban defectos de mi empresa de café, de la familia, y hasta de ex empleados que nos denigran. Esa parte fue natural quizás para ellos, pero al fin y al cabo teníamos la razón y nos estaban destruyendo.

 

Don Edmond mientras tanto nos contrarrestaba contratando espacios en los periódicos para indicar que la contaminación provenía principalmente del camino no asfaltado. ¡Al pasar los vehículos se levantaba una polvoreada y que ahí radicaba el problema de la contaminación! También llevó a diferentes personalidades de la Municipalidad y demás a un recorrido en donde levanta un acta en donde se constata que las chimeneas no emiten polvo y que por lo tanto la fábrica no contamina. Por mi parte empiezo a denunciar con campos pagados en el periodo Excélsior y La Nación. La República pertenecía a un director de la fábrica de cemento por lo que quedaba vetado cualquier comentario.         

 

Pero el hecho simple en aquellos años de tener el valor de proseguir con una demanda impopular en contra de un grupo poderoso que incluía a las compañías Ricalit, Industria Nacional de Papel, Productos de Concreto, la misma Industria Nacional de Cemento, y otras compañías de sus directores, no fue fácil. Le pregunté a don Jorge Lyon Chavarría que era lo que debía hacer. Me saca una cita con don Mario Echandi, ex Presidente de Costa Rica. Al explicarle el problema me indica que debo involucrar a la Ciudad de los Niños, porque “la policía no puede levantarle un garrote a una sotana”.

 

Un día llegaron a conversar a mi oficina en Agua Caliente de Cartago, unos representantes de la comunidad. Don Francisco Villavicencio y don Gerardo Coto y otros respetables señores del pueblo para conversar sobre la problemática que afectaba a todo el pueblo. Yo pedí permiso para apoyarlos y desde esa reunión nace luego el Comité de Saneamiento Ambiental. El Padre Salvador García, encargado de la Ciudad de los Niños se une activamente a nuestro grupo.

 

La Manifestación:

Se decide realizar una caminata desde el centro de Agua Caliente hasta los portones de la Industria Nacional de Cemento para plantearles las demandas ecológicas del pueblo. Con mucha dignidad se convoca a todo el pueblo, pero son pocos los que ese domingo 2 de febrero de 1975 salen de sus casas.

 

Mi madre sale de la casa y nos unimos al grupo caminando en primera fila. ¡Cuando llegamos a la entrada de la Ciudad de los Niños, ya el Padre Salvador tiene a muchos muchachos grandes se unen y el pueblo entero de Agua Caliente se ha unido para realizar lo que nunca antes se había ni siquiera intentado!  

 

Los niños usan bufandas para taparse la boca y nariz. Pancartas exigiendo aire puro y el fin de la contaminación. Llegamos a los portones principales y ahí están todos los señores grandes de la Junta Directiva y abogados. Empieza el diputado Brenes a hablar bastante y finaliza diciendo que va a presentar un proyecto de ley para sacar a los extranjeros del País. Interesante la hablada.

 

Empieza uno del Comité y se presenta Francisco Villavicencio a presentar y entregar el manifiesto con las exigencias del pueblo. Es recibido por don Jorge Rossi Ch. quien habla de la necesidad que tiene el país del cemento que usa toda la industria. “El País nos necesita”, concluye don Jorge. Entonces mi madre, bien brava se acerca y le dice ¡“Todo eso es pura paja”!   Don Jorge se queda callado y se lo agradecí por caballeroso que era.

 

Pero ya el pueblo estaba harto y esos argumentos estaban ya superados. ¡Nosotros estábamos ya hablando del cierre total de esta industria de cemento! No es que éramos unos radicales, sino ciudadanos comunes y corrientes que estábamos cansados de la destrucción de nuestro ambiente a consecuencia del cemento. ¿Que si era por el bien de país? Claro, pero que nos dejaran vivir a nosotros también. 

 

Se termina esa manifestación e insistimos en una semana para escuchar su respuesta. Llega una respuesta en donde no quedamos contentos. No era venganza que queríamos nosotros, solo el fin de la polución de cemento encima día y noche. Esta manifestación pacífica pero urgente de todo un pueblo en defensa de intereses verdaderos como lo es la salud fisica de los habitantes trajo consigo una guerra del polvo. El Gobierno de la República, con el Lic. Daniel Oduber al cargo, estuvo por lo general a favor de la Fábrica. Bueno, el interés nacional de producir cemento y tales que eran importantes. El Ministro de Industrias se le podría perdonar su interés particular. Pero jamás al Ministro de alud, el Dr. Herman Weinstock, que hacia caso omiso a la situación. Hacían estudios  y demás, pero nunca nos dieron la razón. ¡El cemento si hace daño!

 

En cierto momento, una comisión nombrada para estudiar el caso de la guerra del polvo en la Asamblea Legislativa empieza a accionar y resulta de una enmienda en donde señalan la necesidad de trasladar la fábrica a otro sitio por el daño que esta generando. También la Oficina de Planificación dictamina la urgente necesidad de trasladar a la fábrica de cemento fuera de la zona. El Plenario de la Asamblea Legislativa aprueba  el dictamen y solo falta el Ejecútese Presidencial. El pueblo de Agua Caliente señala su anuencia al traslado, quizás más atrás en las montañas en donde puede hacer menos daño. Don Edmond replica que “no quiere ni pensar en un eventual traslado”. 

 

Después de la nutrida manifestación en los portones de la fabrica, nos damos cuenta que nada ha cambiado y más la contaminación sigue igual. Uno de los problemas era la falta de asfaltado en la calle central de Agua Caliente. Como era un camino de lastre y piedra, los camiones pasaban cargados de cemento embolsados con un polvazal encima de las casas. Para los personeros de la fábrica, ese era el problema. Pero a doscientos metros de la calle,  las propiedades, las fincas, los cultivos seguían totalmente dañados. El Comité de Protección Ambiental toma la decisión de actuar con más firmeza.

 

El Cierre de Carreteras:

A la media noche del domingo 13 de mayo de 1975, se cierran las vías que dan acceso a Agua Caliente. Camiones son atravesados. Árboles, rocas y más obstáculos son colocados para frenar el paso a los vehículos. A la madrugada del 14 de mayo de 1975, el pueblo esta paralizado por los mismos habitantes que ya no soportan más la difícil situación a la cual esta sometida. A tempranas horas la policía llega y constata el orden y el respeto que se maneja entre jóvenes y sus familiares. Se calculan que son unos setenta camiones de Agua Caliente que están aparcados en la calle, y bloquean totalmente el paso. 

 

 

Este es el primer cierre de carreteras que se da en Costa Rica. Curiosamente es la única solución que en ocasiones un pueblo puede usar para llamar la atención los gobernantes cuando la situación esta fuera de solución. Durante años después, ha sido una táctica bastante fuerte con buenos resultados. Nació en Agua Caliente de Cartago ante la indiferencia del Gobierno del Lic. Daniel Oduber y motivado constantemente por las actitudes indiferentes y soberbias de los personeros de la fábrica.

      

 

En horas de la mañana todo Costa Rica conoce del cierre. La policía no interviene porque la huelga es de un pueblo entero, no de cabeza calientes. Pronto van llegando los personeros como don Guillermo Porras gerente de la fabrica y don Edmond Woodbridge. A la vez llega el Ministro de Transportes Silva Vargas y el  Ministro de Seguridad Mario Charpentier, y el Lic. Jorge Sánchez, Ministro de Economía.

Lo acompañan el señor Mario Valverde Gobernador de Cartago y el Vice Ministro de Economía Lic. Mario Carvajal. Mientras que se empiezan las conversaciones el pueblo pide que se apague la fábrica a la cual Guillermo Porras se opone, pero ante la solicitud de los personeros del Gobierno, mandan a dar la orden de apagar. Esto trae júbilo entre todos y una vez comprobada la orden, se siguen con las negociaciones.

                   

 

 

Dos horas después se firma un documento y se levanta el cierre de las calles. En dicho documento se compromete la fábrica a:

 

Mejorar las condiciones de producción en un plazo de 3 meses.

Acondicionar  el llamado galerón del clinquer.

Suministrar el cemento para la pavimentación de la calle principal.

Aporta la cantidad de 25.000.oo con el mismo fin.

Arreglar en forma definitiva la fábrica para eliminar la contaminación.

 

Los señores se comprometen a solucionar los filtros y los galerones expuestos para así contener el levantamiento de polvos directos desde los patios de la fábrica. Parece que es un buen acuerdo y que el pueblo sale ganancioso a terminarse el problema. Al salir del salón Comunal en donde habían firmado don Edmond señala,  “Espero que ya nunca más  vuelva a hablar de este problema”. Sonaba como a regañada.

 

Para nosotros los vecinos viento abajo, era notorio que ciertos días se daba una mayor contaminación. Otros menos. Entonces uno que trabajaba en la fábrica explica que cuando el departamento de ventas tiene ya una venta mayor realizada para el jueves de esa semana por ejemplo, el cemento se debe fabricar desde el día miércoles. Entonces por la noche se conectaban los abanicos y se paraba el filtro. ¡De esta manera, el horno trabajaba a capacidad y no se encuentra limitado por un freno que es el filtro electrostático! La venta ya programada se realizaba con toda capacidad.

Era simple la explicación, y era lógica. Es decir, si se dejaba un automóvil aparcado afuera durante la noche, al día siguiente el parabrisas aparecía con partículas pequeñas de un tipo como de arena. Pero lavar con agua, las partículas se endurecía. Era cemento. Los techos se volvieron grisáceos. Las canoas y bajantes se llenaban de polución, y cada familia comprobaba por si misma la caída de cemento.

 

 

Un año después, en marzo de 1976 todavía no estaba solucionado definitivamente el problema. Pero ya el Gobierno proyectaba la construcción de la nueva carretera amplia que bajaría hasta la fábrica de cemento. ¡Lo que a nuestra simple observación llegó a terminar con la contaminación en mayor grado, fue la instalación de la nueva fabrica de cemento en Patarrá de Desamparados! Simplemente porque asumía la cantidad de sacos necesarios para el consumo nacional absorbiendo lo que la Industria Nacional de Cemento no podía producir en exceso.

O sea la fábrica de Agua Caliente trabajaría según su capacidad normal. Esto trajo una merma considerable en la contaminación ambiental en toda la zona.

 

Para nosotros las consecuencias eran más duraderas y difíciles. La propiedad era ya un cementerio blanco, con las ramas de café totalmente emblanquecidas por el polvo que al sacudir la mata caía estrepitosamente al piso. La producción de café era nula. Estábamos arruinados. Ya la Corte Suprema de Justicia nos había otorgado el gane en nuestro primer juicio por contaminación.

 

Se planteó una segunda demanda por diez millones de colones, que comprendía muchos años de perdidas. El monto al tipo de cambio de ese entonces al 8.60 por dólar, daba más de un millón de dólares. Después de muchos años de lucha nos otorgaron algo más de tres millones de colones. ¡Pero la inflación y la depreciación nos eliminaron la rectificación del daño causado! Con la finca hecha un polvazal llegaron de la Junta Directiva del INVU y nos compraron cien manzanas de cafetales para formar la ciudadela de hoy llamada Cocorí.

 

No había manera ya de mantener los cafetales y con mucho dolor en el alma se vendieron esas aéreas ya totalmente destrozadas por los señores indiferentes de la Industria Nacional de Cemento, S.A.  

 

Lo positivo de esta lucha sincera, auténtica, y honesta de un pueblo que luchó por su derecho constitucional de aire puro sin contaminantes, fue la redacción de un manual para futuras industrias en donde se exigía antes de entrar en operación, la absoluta integridad en sistemas anti contaminantes. Atraves de los años más industrias como la azucarera y la cafetalera también han tenido que reformar su sistema operativo para así modernizar sus instalaciones y no contaminar la flora y la fauna del país.

 

Todo esto empezó en Agua Caliente de Cartago. Unos podrán señalarnos como los causantes de los cierres de carreteras, pero muchos otros deberán reconocer que la lucha contra la contaminación ambiental empezó en Agua Caliente de Cartago.  

 

Fraser Pirie R.

Aguacal1@yahoo.com

FOTO : imágenes facilitadas por Fraser Pirie sobre la primer lucha ambiental de Costa Rica realizada en Agua Caliente de Cartago

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