APRENDER DE NUESTRAS RAÍCES

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Mariana Hernández escribe un artículo de opinión sobre el olvido que tiene el costarricense de sus raíces indígenas o aborígenes, de cómo se puede aprender mucho de ellas y de cómo la influencia de los Sikuas u hombres blancos destruye las costumbres de los pueblos autóctonos de  Costa Rica.

Aprender de nuestras raíces

Por Mariana Hernández Regueyra

En las bibliotecas de las casas se encuentran muchos libros con grandes historias… En las casas de niños se ven libros de aventura, en la casa de niñas pequeñas no pueden faltar las historias de hadas y princesas, en la casa de los abuelos no faltan los cuentos de Mía Panchita para contarles historias a los pequeños… y así se muestran una gran cantidad de libros que cuentan historias increíbles, entretenidas y espectaculares de mundos lejanos y mágicos donde todo es posible.

Es así que las bibliotecas de las casas son inmensas, y si se les suma el material educativo todavía crecen más. Es a través de los libros que se aprende y comprende el mundo, las interacciones, la naturaleza y las máquinas… ¿pero dónde quedan las historias de nuestras raíces como costarricenses?, ¿Dónde están esos  libros?, ¿Quién nos puede contar estas historias? ¿Quién nos puede contar de nuestro pasado?
Los libros de historia o Estudios Sociales nos cuentan que Costa Rica era un país lleno de indígenas cuando arribó Cristóbal Colón, y que poco a poco el mestizaje fue desarrollando nuevas mezclas que enriquecieron nuestra cultura costarricense… y en esas pocas palabras se describen toda nuestra historia y raíces.

Que mentalidad más corta que nos enseñan a desarrollar, siempre pensamos que lo que dicen los libros es la verdad, y nunca nos preocupamos por ir más allá. La realidad es que la verdad de nuestras raíces no es tan fácil y sencilla, sino más bien es compleja, mágica, espectacular y cósmica… sólo tenemos que abrir nuestras mentes a descubrir nuevos caminos  y nuevos conocimientos… buscar otras formas de aprendizaje… no quedarse con lo que dicen los  libros sino explorar más allá.

Si se empieza a contar la histórica costarricense, desde la perspectiva de la cultura Bri-brí que el mundo fue posible gracias a Sibú, las caras de asombro tal vez comiencen a aparecer, tal vez otros se muestren escépticos, pero si algo tenemos los costarricenses que aprender es de nuestra propia historia; muchas veces nos conformamos con saber que nuestra sangre tiene algo de indígena y eso es suficiente, no nos ponemos a pensar si es brunca, chorotega, bri-bri, cabecar, hueta, o tal vez una mezcla, o cuales enseñanzas no han dejado o que de su cultura está impregnada en nuestras vidas.

Y tal vez lo importante no es hacer tanta diferencia entre una población indígena y sikua, como ellos nos llaman, sino tal vez lo más importante es iniciar con reconocer nuestro pasado. Todas las poblaciones indígenas diferentes tienen sus grandes enseñanzas, donde tal vez una de las más grandes es que de nada vale hacer las cosas si nos las hacemos con el corazón, palabras de un señora muy sabia en la Reserva Kekoldi que con gran apertura está dispuesta a enseñarnos a nosotros los sikuas todo aquella historia que no está en los libros educativos o de cuentos, ella al igual que muchos más están dispuestos a enseñarnos de nuestra propia historia.

Una parte de la historia Bri-bri cuenta que ellos nacieron en los cerros de Talamanca del maíz, gracias a lo cual son los elegidos por Sibú como “guardines de la tierra”, y así como muchos siguen sus creencias religiosas, ellos desarrollan su vida a través del cuidado de la tierra, del trabajo con el corazón, del cultivo de sabiduría en plantas medicinales  o rituales de purificación y limpieza después de la muerte, de la planta de palmito, plátano y maíz. Viven así de una manera sencilla, siguiendo los principios que les dejó Sibú, tratando de continuar con su vida a pesar de que tienen que luchar contra grandes fuerzas que barren con su cultura y así nuestra propia historia.

Y no es que los sikuas, queramos hacerlos daño; más bien el daño lo provocamos al no conocer nuestras raíces tan olvidadas pero tan presentes para estas poblaciones. Desde la perspectiva de muchos y el objetivo de ayudar, pensando en mejores condiciones de vida se ha llevado la luz a las comunidades de baja Talamanca, situación que provocó una gran crisis a nivel  comunal, donde nunca ni siquiera les preguntaron si estaban de acuerdo con esto;  nunca tampoco les preguntaron si podrían tocar a los muertos, simplemente gracias a nuevas leyes, ahora cuando alguien muere es trasladado a la Medicatura Forense en San Joaquín de Flores, a más de 7 horas de distancia, luego de lo cual  los cuerpos vuelven cortados una semana después de la muerte, lo cual dificulta los rituales de purificación para que esa persona pueda volver a Sulakaska (paraíso), trayéndoles de nuevo grandes dificultades. Lo mismo sucede con los nacimientos, los cuales ya no se pueden dar el lugar sino que se tiene que ir a un hospital;  ya el hombre no construye esa casa de paja en un lugar del bosque donde la mujer pueda dar a luz tranquila y serena, y donde el bebé al nacer pueda tocar la tierra y así sentir su conexión con el mundo y todo lo que le rodea, luego de esto la ceremonia era todavía más grande, la gran celebración estaba a penas iniciando; ahora se hace una corta ceremonia y queda un vacio por no cumplir con algo sagrado.

Lo anterior, demuestra que poco a poco hemos ido barriendo como polvo nuestras propias raíces, y ahora somos desconocedores de nuestra propia historia… lo positivo es que todavía estamos a tiempo de cambiar nuestro rumbo, todavía hay personas que están felices de contarnos muchas historias, el detalle está en que debemos de aprender a escuchar lo que nos cuentan y ayudar a no perder esas raíces que hacen de la cultura costarricense una tan rica… a escuchar usando nuestros corazones, a preguntar cómo podemos ayudar a no perder esas raíces…. A aprender a escuchar antes de hablar y pensar.
 
Realizado por Mariana Hernández Regueyra

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