“EL QUE SE MATA NO ES UN LOCO, UN ENFERMO, UN DEMONIO O UN PECADOR… ES UNA VÍCTIMA DE LA VIOLENCIA SOCIAL."

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Micartago.com efectuó una entrevista con Domingo Abarca Vásquez, quien es sociólogo, director de la carrera de Investigación Criminal del CUC y funcionario del Ministerio de Justicia y Paz, pero quien también es padre de familia y sobreviviente del suicidio. La noche del 13 de julio de 2008 su hijo Luis Alonso tomó un revolver y se quitó la vida.

Como parte de la elaboración de su duelo por su trágica pérdida, Abarca se dio a la tarea de investigar a nivel nacional e internacional sobre las explicaciones del suicidio y las posibles vías para su prevención.

En el 2010, el hoy Vicepresidente ante la Red Mundial de Suicidólogos publicó su libro La odisea del suicidio: En memoria de Luis Alonso, documento que explora diversos factores que influyen en la conceptualización y el abordaje del suicidio. Actualmente trabaja en su nuevo libro El Tabú del Suicidio: Del bosque de los suicidas al bosque de vida y esperanza.

En setiembre anterior, el investigador organizó el I Congreso Nacional de Prevención del Suicidio y para este setiembre ya tiene programada la segunda edición del Congreso, así como el I Encuentro Internacional de Suicidólogos en Costa Rica.

Además, Abarca propuso ante la Asamblea Legislativa el Proyecto de Ley para la Creación del Instituto Nacional de Prevención del Suicidio (expediente legislativo N° 17.847), ingresado al Congreso por iniciativa del diputado cartaginés Víctor Cerdas en setiembre de 2010.

Hoy Abarca conversa con micartago.com sobre su paradigma para el abordaje del suicidio y su propuesta de ley.

En Costa Rica el suicidio se define y se aborda como un problema de salud. ¿Por qué considera usted errónea esa perspectiva?

Aclaremos algo. Sin duda existen algunos problemas de salud (muy pocos, por cierto) que guardan relación con el suicidio, pero por otro lado, no podemos evadir que muchos problemas de salud tienen sus raíces en los problemas sociales. Yo me enfermo mentalmente cuando no tengo las condiciones sociales existenciales mínimas, que me hagan vivir feliz, en paz y tranquilo. Si no las tengo me desespero, me angustio, me frustro, me deprimo, me enfermo y quizá me motive al suicido. El suicidio no es un problema de salud, es un problema social. 

¿Por qué cree usted entonces que se ha tratado y se sigue tratando al suicidio como un problema de salud?

La falsa lectura, institucionalización e internacionalización del suicidio como problema esencialmente de salud  fue circunstancial: ocurrió que en la Europa del Medievo el suicidio fue abordado por la “demonología” (entonces fue pecado), luego por la psiquiatría (entonces fue delirio, locura) y años más tarde, como problema de la sociedad, fue incorporado para su tratamiento donde nunca debió ir: a la Organización Mundial de la Salud (OMS), lugar en donde deben existir solo especialistas en salud, lo que les obliga a buscar en el suicidio problemas de salud y a sus jerarcas a difundirlo como problema de salud.

Hoy la OMS define la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades y así no nos entendemos: una cosa es lo social, otra las enfermedades y otra cosa es la salud. Mire Rita, ¿cómo podemos entender que nuestro bienestar social esté dado por la salud? ¿Cree usted que con buena salud tengo bienestar social?

El bienestar social se logra diferente… con dinero para comer y satisfacer nuestras necesidades y las necesidades de nuestros hijos y seres queridos, con las oportunidades que me brinde el Estado para acceder al trabajo, a la educación, a la cultura y la convivencia sana y pacífica, al desarrollo de mis potencialidades, etcétera.

Según el abordaje social que usted propone, se puede culpar en parte al modelo de desarrollo económico por las altas tasas de suicidio. ¿Por qué es culpable el neoliberalismo?

Mire Rita, si miro el neoliberalismo como una política económica que pretende reducir al mínimo la intervención estatal en materia económica y social, defendiendo el libre mercado capitalista, neoliberalismo y suicidio van de la mano. La razón es sencilla: es precisamente el Estado el responsable de satisfacer todas nuestras necesidades y permitir el desarrollo de nuestras potencialidades. Ya habrá tiempo de profundizar es estos temas.

Usted también define el suicidio como un tabú en nuestra sociedad. ¿Puede cambiarse esa visión en Costa Rica?

Para empezar el suicidio es tabú en Costa Rica y en todo el mundo desde hace más o menos dos mil años y es tabú no desde que Dios dijo no matar, sino desde que nació un “santo”, “sabio” y “padre de la Iglesia”, San Agustín. Luego aparecieron otros artífices y forjadores de ese tabú como Santo Tomas de Aquino y la interminable lista de todos y cada uno de los papas, obispos, sacerdotes, profetas y pastores, hasta llegar a todos los creyentes de creencias religiosas como el budismo, el judaísmo y el cristianismo, por ejemplo. Pero hay excepciones, desde luego. Así que, Rita, para contestar a su pregunta, para cambiar una visión del suicidio y romper con el tabú del suicidio tendría que aparecer Dios y arrasar  con el género humano, como ya lo hizo.

¿Cuáles son las consecuencias de ese tratamiento del suicidio como algo tabú, escondido, de lo que no se habla, cuya existencia de cierto modo se invisibiliza en la sociedad?

Suicidio es y seguirá siendo tabú gracias a aquellos “elegidos de Dios” y seguiremos teniendo tres grandes problemas que impiden la prevención del suicidio:

 Leer y hablar de suicidio es leer y hablar de “malas muertes”, de cosas peligrosas y contagiosas; es leer y hablar de lo prohibido y censurable, pudiendo ser hasta peligroso, contagioso y castigado por Dios.

 Leer y hablar de suicidas, es algo malo y también peligroso, algo así como invocar al “hombre lobo” o a aquel que según las leyendas medievales era drácula; o inclusive, invocar al mismo diablo y sus engendros. Solo algún tiempo desaparecieron del escenario y entonces, aquellos “espectros”, fueron sustituidos por locos, lunáticos y enfermos anormales. 

 Quienes logramos sobrellevar los sufrimientos y las angustias de la pérdida de seres queridos por suicidio y medio armar los despojos de nuestra existencia, somos vistos bajo aquellas valoraciones, siendo estigmatizados, rechazados y casi expulsados en algunos círculos de esta sociedad.

Sólo podremos superar el tabú del suicidio cuando empecemos a estudiar e investigar el suicidio desde perspectivas diferentes. A propósito, recomiendo la lectura de mi nuevo libro El tabú del suicidio: Del bosque de los suicidas al bosque de vida y esperanza

Con respecto a  las estadísticas nacionales, en su libro usted afirma que las tendencias del suicidio en Costa Rica son una emergencia nacional ¿por qué?

¡Claro que es una emergencia!… por los índices actuales. A partir del año 2009 empezamos a registrar más de un suicidio por día; esas tasas no se daban en años anteriores. Y a propósito de neoliberalismo, hoy desafortunadamente, hay más pobreza, más miseria, menos posibilidades de tener acceso a bienes materiales y de consumo; en los hogares dejamos a los hijos solos para buscar fuentes de ingreso perdiéndose la unidad del hogar, los tradicionales valores y costumbres sociales; pulula la exclusión social en casi todos los escenarios, hasta en la escuela y el colegio; no hay control ni intervenciones del Estado apropiadas sobre la violencia social que lejos de prevenirla, creo, se estimula con diversas leyes y políticas. Sí Rita, preparémonos mucho porque el suicidio será como nunca antes en nuestra historia.

Asumiendo que en algún momento las personas suicidas deseen buscar una salida alternativa ¿Cuáles son las limitaciones que se encuentran con el abordaje actual que se da al suicidio en Costa Rica?

Mire Rita, en Costa Rica, la persona con ideación suicida no tiene a quién acudir para que resuelva su deseo de vivir. Si un muchacho se quiere matar en este momento, ¿qué le ofrece el país? Existe algo que llamo “El círculo de la muerte anunciada”: Ante ideación suicida se busca refugio en el EBAIS, de allí lo mandan al hospital o la clínica, luego al psiquiátrico, en donde pueden ocurrir tres cosas: una terapia corta, terapia acompañada de  pastillitas “amansa locos” o encierro por algunos días. Una vez liberado de su “locura” lo mandan a su casa (en donde nadie entiende su “locura”) y a su comunidad (que sin entender su locura y su pecado lo estigmatizan, rechazan y excluyen). El 12 de diciembre del 2010, el programa Siete Días de Canal 7 expuso estas terribles realidades. 

¿Por qué fallan las instituciones de salud?

Yo sé que en estas instituciones de salud, gracias a Dios, existen muchos profesionales comprometidos con la vida de sus semejantes y que en problemas de suicidio desean hacer las cosas diferentes. Les estaremos eterna y profundamente agradecidos. El problema es que ni les enseñan a prevenir suicidio y la ideación suicida, ni se les dan recursos, ni existen dentro de las instituciones profesionales que sepan leer y abordar estos problemas desde otras perspectivas. El suicidio no es problema de salud, no puede ser atendido solo por psicólogos o psiquiatras, no es problema de genes y no es problema del diablo.

¿Considera usted que nos estamos quedando atrás con respecto a otros países en materia de prevención del suicidio?

Estamos mejor que algunos países pero en comparación con otros estamos unos 50 años atrás. Mire usted que ni siquiera existe una política pública específicamente diseñada para abordar suicidio; esto ya existe en muchos otros países latinoamericanos.

¿Cuáles serían los ingredientes esenciales para una política pública sobre suicidio en Costa Rica?

La política pública tiene que mirar el suicidio como un fenómeno social normal (¡no anormal como se quiere ver en algunos círculos de la salud, o diabólico, en otros escenarios!) Luego, se deben diseñar estrategias para su investigación.

Más adelante hay que confeccionar planes de acción e intervención desde perspectivas interinstitucionales, comunitarias e interdisciplinarias, con psicólogos y psiquiatras, sociólogos y antropólogos, especialistas de la salud social y comunitaria, maestros y profesores, líderes comunitarios, padres y madres de familia, jóvenes y hasta representantes de creencias religiosas con una verdadera espiritualidad, aquella que se instrumentaliza en el amor Dios y al prójimo, la justicia, la paz y la solidaridad.

¿Por qué propuso usted la creación de un Instituto Nacional de Prevención del Suicidio?

Porque sólo allí podríamos obligarnos a incorporar los ingredientes esenciales anteriores para una política pública alternativa en Costa Rica para atender el drama del suicidio.  

¿En qué consiste el Instituto Nacional de Prevención del Suicidio que usted propone para cambiar de paradigma en Costa Rica?

Se pensó como un órgano que, aunque dependiente administrativamente del Ministerio de Salud, en lo técnico tendría independencia. Estaría conformado por representantes de diversos campos del conocimiento científico (para garantizar lo interdisciplinario), de diversas instituciones responsables de las políticas sociales (para garantizar su carácter interinstitucional) y de la comunidad (para garantizar procesos de regionalización y rendición de cuentas).

Desde ese instituto saldrán los Planes de Prevención del Suicidio, que deben incluir acciones como la capacitación, sensibilización, organización y movilización de representantes comunitarios para la conformación de redes provinciales de prevención del suicidio (y hasta cantonales, si los estudios lo consideraran necesario).

Se deberá pensar en la creación de clínicas especializadas de atención a la prevención del suicidio en cada provincia, o en su efecto, dotar a los EBAIS de personal especializado para estas tareas… ¡Y debe hacer mucho más!

Deberá contarse con personal especializado que investigue a nivel cantonal, provincial y familiar los problemas que provocan ideación suicida, y se debe garantizar estrictos procesos de seguimiento a estas personas. A mí me encanta el seguimiento que hace el personal de salud en personas de cuidados paliativos. Eso es precisamente lo que hay que garantizar en el caso de ideación suicida.

La propuesta de creación del Instituto fue llevada a la Asamblea siete meses atrás. ¿Cuáles son sus expectativas con respecto al proyecto de ley?

Mire, yo no sé. Yo he preguntado cuánto tiempo tardarán los señores diputados y no se sabe. Todo dependerá del interés político que pueda haber sobre el proyecto. ¿Les interesará? Claro que sí. Yo escucho muchos programa radiales de crónicas legislativas y en las intervenciones de todos y cada uno de los señores diputados, no he descubierto uno solo que desee que la vida no sea vista como el principal derecho de todas las personas.

Ese hecho nos garantiza que muy pronto veremos nacer nuestro ansiado Instituto Nacional de Prevención del Suicidio. Pero claro, ojalá no se nombre como jerarca en el mismo a un médico o a un psiquiatra porque entonces… ¡Que Dios nos acompañe! 

¿Cuál diría usted es su objetivo central al investigar, organizar congresos y elaborar el proyecto de ley?

Mire Rita, desde la muerte de mi hijo me comprometí conmigo mismo y con el país en general para que mis esfuerzos se encauzaran a salvar vidas y atenuar sufrimientos ante la pérdida de seres queridos por asuntos de suicidio. ¿Sabe por qué? ¡Si ayudo a una sola persona a tener esperanza de vida y atenuar sufrimientos ante la pérdida de un ser querido por suicidio, mi vida no habrá sido en vano! Además, es un asunto de una espiritualidad aprendida con la muerte de mi querido hijo.

 

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  • Posted by merlyn torres, 29 June, 2011
    Me parece execlente que se este tratando el tema del suicidio porque cada año la cantidad de muertes va en aumento y las edades son cada vez más tempranas
  • Posted by Domingo Abarca V, 22 June, 2011
    ¡Gracias! Por cada uno de los comentarios emitidos a los artículos que tan gentilmente se me han publicado a través de este medio informativo sobre esta problemática social. ¡Eso nos obliga a seguir adelante! Aprovecho para anunciar que este año, por razones presupuestarias se ha tenido que suspender los eventos programados en el CUC en razón del Día Mundial de la Prevención del Suicidio. Así mismo, formulo respetuosa invitación para que a partir del 15 de julio, logren adquieran mi nuevo libro, EL TABÚ DEL SUICIDIO: DEL BOSQUE DE LOS SUICIDAS AL BOSQUE DE VIDA Y ESPERANZA. Los puestos de venta se anunciarán oportunamente a través de www.presuicidio.com
  • Posted by Rolando Segura , 28 April, 2011
    Bien Domingo, siempre aportanto. Siga compañero, que Dios te bendiga. RSR
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