UN DÍA DE MERCADO EN LA CARTAGO COLONIAL

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Guillermo Brenes Tencio describe un jueves de mercado en la Plaza Mayor de Cartago en la época colonial. La gente, los productos vendidos, el ambiente, las comidas y el transporte usado hace siglos en Cartago.

Un día de mercado en la Cartago Colonial


Por Guillermo Brenes Tencio

Reminiscencias de Cartago


Imaginemos cómo era un día de mercado en la Cartago de mediados del siglo XVIII.

¿Qué tenían los jueves en la ciudad colonial de Cartago a mediados del siglo XVIII que no tuvieran los domingos? Tenían el ser el día de mercado de la capital de la Provincia o Gobernación de Costa Rica. Entonces, los ajetreados jueves competían en importancia con los domingos, dedicados a los actos religiosos en esta sociedad precapitalista e impregnada de una profunda misticidad.

El mercado público de la Plaza Mayor cartaginesa era la gran fuente de intercambios comerciales; a la vez, en los jueves, las tiendas seguían funcionando y aumentaba el comercio de ventas ambulantes en la diminuta capital colonial.

Ese día, a la Plaza Mayor de Cartago llegaban españoles blancos o peninsulares, criollos, mestizos, indígenas, negros, mulatos, pardos y zambos. Como es bien sabido, Cartago fue el principal centro urbano de la alejada Provincia de Costa Rica y el eje rector de las actividades económicas y sociales. Frente a la Plaza Mayor o de Armas se encontraban las sedes de las más importantes instituciones coloniales: Gobernación, Cabildo e Iglesia Parroquial o Vicaría General.

Todos los jueves, las amplias y mal empedradas calles de la Cartago colonial se animaban con una actividad particular diferente de los demás días de la semana. Desde la madrugada, empezaban a llegar las toscas carretas cureñas de los pueblos ubicados en los linderos de la ciudad capital, como Tobosi, Cot, Quircot, El Arrabal, Chircagres o Churuca, Toyogres, Arenilla, El Tejar, Taras y Aguacaliente.

Con paso cadencioso, las carretas se instalaban en las inmediaciones de la Plaza Mayor; así, junto con los caballos, bueyes, mulas y novillos, obstruían el paso por las principales arterias de la ciudad de Cartago.
Muy temprano repicaban las campanas de la Santa Iglesia Parroquial y de los otros cinco templos de la urbe, y despertaban a quienes dormían sobre los bultos de las mercaderías.

Al mismo tiempo, las señoras de las familias principales y sus rozagantes esclavas (negras y mulatas) salían de sus “casas de morada”. Las esclavas aparecían con tinajas de barro tosco y grueso para llenarlas del agua de las acequias que corrían a un lado de las calles, pues había que preparar los alimentos, el baño de las niñas de la casa o iniciar las actividades de limpieza.


Otras gentiles damas, con sus tupidos velos y sus rosarios de plata dorada, de coral engarzado en plata y de oro, plata y perlas, se apresuraban a cumplir con los servicios religiosos, a los que eran tan afectas. Las acompañaban acaudalados y adustos señores vestidos de negro y con bastones con puño de plata, que iban a la Plaza Mayor con el objeto de realizar ventajosas transacciones comerciales. Ya en las calles, los caballeros desayunaban por segunda vez en las fondas, donde departían con artesanos y arrieros, con celadores y con guardianes del orden público.

A los primeros rayos del Sol, se apreciaba el humo que salía de las bajas casas construidas con horcones, adobes o bahareques, y de uniformes techos de tejas de barro cocido. Las construcciones eran tan bajas que desde cualquier sitio se apreciaba, por el norte, el majestuoso volcán Irazú con la cumbre cubierta de nubes. Este era una montaña pletórica de vegetación del tipo subtropical húmedo. Sus colores lejanos contrastaban con las paredes blancas, de franjas azules o naranja - ocre de las encaladas moradas coloniales.

La Plaza Mayor de Cartago desplegaba múltiples artículos para su venta; algunos eran importados, como géneros, imágenes religiosas, joyas, mantas y sombreros de pita (traídos de Guatemala, Nicaragua, Panamá, Cartagena de Indias, el Virreinato del Perú o el Reino de Quito), trajes de lana y utensilios manufacturados en talleres ingleses, que generalmente llegaban del tórrido fondeadero de Matina gracias al contrabando.

Sin embargo, la mayoría de los artículos eran confeccionados con “recursos del país”, como bagatelas, chaquetas de pintorescos ornatos, zurrones de cuero, cestos de mimbre de Quircot, esteras de venas de plátano, alfarería del sur de Cartago, jícaras y huacales repujados, utensilios de labranza, piedras de moler maíz, cacao y tabaco, jabones, faroles y malolientes candelas de sebo en cajones.

Con todo, la Plaza Mayor o Principal estaba especialmente ocupaba por improvisadas tiendas para vender carnes, aves, pescado, granos como maíz y trigo, frijoles, frutas, verduras, hortalizas, palmitos, plátanos maduros (o verdes), yuca, elotes, hierbas aromáticas y condimentos.

De igual forma, no faltaban los puestos donde se ofrecía la “bebida” –o sea, el aguadulce–, la sabrosa mazamorra, la chicha y el guarapo, el aromático chocolate de jícara acompañado de bizcochos con queso, tamales, tortillas calientes, maíz crudo, totopostes, enlustrados o prestiños y escudillas de frijoles bien fritos en manteca de cerdo.

La moneda de curso corriente era el cacao, pero el fuerte sonido del regateo de la peseta, el maravedí o el real de plata contrastaba con el silencio de la aceptación rápida por el bajo precio cuando se compraban frutas, como la anona, las guanábanas, la papaya, la granadilla, las naranjas, los limones, las limas, las moras, los higos y los membrillos.

En alegres y floridos puestos llamados ‘tianguies’, las mercaderías eran ofrecidas por los mismos productores, a veces acompañados de sus mujeres, quienes ayudaban a vocear el producto.

En líneas generales, el movimiento en las principales horas de mercado era vertiginoso, desde las múltiples y variadas actividades desarrolladas y el alto número de transeúntes que entraban en la plaza o salían de ella.
Alrededor de las cuatro de la tarde, la Plaza Mayor estaba de nuevo vacía. Por las calles desfilaban las últimas carretas traqueadoras rumbo a los pueblos vecinos y lejanos a Cartago. Las puertas de las casas se cerraban, y algunas ventanas –de barrotes de madera torneada– dejaban ver tímidamente el interior de las solariegas viviendas.

Después de rezar el rosario a la hora del toque de ánimas y al calor del chocolate, las familias se reunían a contar las experiencias y los chismes de aquel agitado jueves. De nuevo, al eco de las campanas y al ladrido de los perros, la soñolienta  ciudad de Cartago se envolvía en la espesa bruma, en espera del nuevo día.

Bibliografía:

Alvarenga, Patricia (1997). Los productores en la Costa Rica precafetalera, San José: EUNED.
Chavarría, Sandra (1979). El Cabildo de Cartago, Heredia: Tesis Historia.
Estrada, Ligia (1965). La Costa Rica de don Tomás de Acosta, San José: ECR.
Fernández, Franco (1996). La Plaza Mayor, Cartago: URUK – ECC.
Fonseca, Elizabeth (1983). Costa Rica colonial, San José: EDUCA.
Jiménez, Manuel de Jesús (2011). Noticias de antaño, 2 vols. San José: EUNED.
Moya, Arnaldo J. (1998). Comerciantes y damas principales de Cartago, Cartago: ECC.

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Post your comment comment Comments (2 posted)

  • Posted by Gaston Eduardo Arnesto de Troya y Montero, 26 September, 2011
    maravilloso aporte a la ciudad de Cartago, las raices españolas y mestisas fueron de grandesmatices en la colonia , al leer vuestro escrito no puedo evitar pensar como mi tatatarabisabuelo paseaba junto con sus hijos en la bella cartago alla por los 1730 ..gracias por trasportarnos en el tiempo a tan maravilloso lugar...luchemos por buscar y rescatar los vestigios de la cartago colonial
  • Posted by Oscar Antonio Guevara Salazar, 29 August, 2011
    Es interesante la descripción que se hace de la vida económica de la capital colonial, pero me llama la atención como se regulaban las transacciones comerciales, el patrón de monetario de respaldo. Se menciona el trueque, el cacao y monedas de Europa, pero como se establecían los impuestos por el gobierno, si era en especie o monetarios, y si había una especie de departamento de hacienda para la recaudación municipal.¿Se pagaba algún impuesto por hacer uso de la Plaza Mayor para las transacciones comerciales?Gracias Guillermo por la síntesis histórica de tu artículo.
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