LA AVENTURA DE UN NIÑO EN CANADA

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Fraser Pirie narra un viaje desde Costa Rica a Canadá en 1952, saliendo del nuevo aeropuerto del Coco en un avión Douglas DC-6 de Lacsa y un regreso turbulento que les hizo hacer escala en el aeropuerto de Limón.                                     

“La Aventura de un Niño en Canadá”

Por Fraser Pirie

Mi madre Judith Pirie, decidió hacer un viaje a Canadá, allá en 1958. Recogieron los boletos en la agencia de viajes y el costo fue durante muchos años aproximadamente $250.oo. Aun así era poca la gente que salía de país y para un niño, una extraordinaria odisea.

Me recuerdo muy bien porque un viaje tan largo era con traje completo y con corbatín. El vuelo de San José a Miami era de cuatro horas y media. Salía el vuelo a la 1 de la tarde y llegaba primero a Gran Cayman donde todos los pasajeros nos bajábamos a tomarnos un refresco, y, al ser una colonia inglesa, ver el policía inglés. El edificio era construido de madera y se entraba y se salía con la facilidad de una terminal de buses.

Luego de ese descanso nos llamaban y regresábamos al avión a esperar la salida para Miami.

El avión de Lacsa era un cuatrimotor un Douglas D-6 que era un verdadero caballo de batalla. Su máximo nivel de vuelo era de 25,000 pies, pero lo usual era que volara por encima de las nubes. Así se viajaba, hasta que antes de anochecer, se llegaba a Miami.

Miami era diferente en ese tiempo. El taxi lo llevaba al centro de la ciudad, al “downtown”, a la Calle Flagler. No había llegado la era de las autopistas y era necesario pasar por calles vecinales y pasar puentes que aveces estaban levantados para el paso de las naves por el Río Miami.

Al mucho rato llegamos al hotel Paramount en la calle Flagler de Miami a pasar la noche. Otro día regresamos para tomar otro vuelo a Nueva York y de ahí hacer cambio en Air Canadá para el vuelo a Toronto.

Todavía en ese tiempo, los aeropuertos eran los antiguos. Como por ejemplo Idlewild en vez de J.F. Kennedy en Nueva York y Maltón en vez de Pearson International Airport en Toronto.

Al llegar por fin al pueblo de Guelph cerca de Toronto, nos fuimos a quedar a la casa de mi abuela materna y que extraño era ver la televisión por primera vez.  

Mi madre fue canadiense toda su vida y orgullosa de serlo. Pero amaba Costa Rica, por su clima y por su amada familia.   Aquel  viaje que realizábamos, era su regreso a Canadá, para ver la ciudad de nuevo. Claro ya su padre, quien había sido jefe de la policía y gobernador de la ciudad, había fallecido. Pero su madre y hermana vivían en 2 Ardmay Crescent, estas son direcciones que uno escucha de niño y quizás de toda la vida, pero son cosas del pasado. Bueno, hubo un rumor por ahí que circuló después, de que mi padre quería comprar una casa en Guelph.

Pero el tiempo lo aclara todo, y la verdad que nosotros nacimos en Costa Rica, y nos apegamos a la tierra que nos vio nacer y el calor del sol mañanero despertó en todos nosotros, un profundo arraigo y amor a Costa Rica. Esto es precisamente lo que ha pasado con tanta gente que vino a Costa Rica y sigue pasando hoy en día, donde más y más personas de todo el mundo  pasan y quedan impresionados con Costa Rica.      

Guelph:

Guelph pronunciado como Güel-f, fue construida por un inglés de apellido John Galt. A Galt lo contrataron para diseñar dos nuevos pueblos en los bosques canadienses y para el primer pueblo usó todo su ingenio y conocimiento. Pero para el segundo, se ofuscó y no le salía idea alguna. Como estaba muy presionado por el tiempo, puso su mano en un papel y redibujó el plano de la segunda ciudad en forma de una mano. O sea un casco central con cuatro ramales rectos equidistantes, y un quinto retorcido para la derecha. Se enredaron los planos y al primer pueblo con cuadrantes correctos le pusieron el nombre de Galt y al segundo en forma de mano,….Guelph. 

Beverley Robson:

A mi abuelo,  sus padres le pegaban, cuando niño, golpeándole las orejas. Ante ese abuso huyó de su casa a los doce años de edad. No estudió mucho, pero sí era muy divertido y con un gran sentido de gente.  Llegó a tener una agencia de venta de automóviles de la Buick y la Pontiac. Además, con sus ganancias las invertía en edificios o terrenos y se ganó la vida. El único chasco fue cuando cruzó la frontera a los Estados Unidos, en la era de la Prohibición. O sea en los Estados Unidos, durante un tiempo fue prohibido el consumo del licor. Pasarlo por la frontera era un contrabando castigable con cárcel. Lo que no le dijo a nadie era que en el piso de atrás del auto marca La Salle iban unas botellas de champagne. ¡Pero con tanto movimiento del carro, las botellas estaban a punto de estallar! ¡En la misma frontera, ante los agentes de inmigración empezaron a estallar! Como lo llevaron directo a la cárcel, pasó una noche muy insegura hasta que por fin lo regresaron a Canadá.

En esa ciudad universitaria, nació mi madre y vivió ahí hasta después de la Segunda Guerra Mundial.  Se resintió mucho con su padre, porque hizo un trato con él, para poder ir a la universidad en Toronto. Su padre le puso como condición, lograr las mejores notas. Entre otros estudios, en la secundaria estudiaban las lenguas muertas, el latín y el griego.

Cuando por fin se graduó con buenas notas,  estaba emocionada de ir a la universidad, pero su padre cambio de idea y le negó el estudio en Toronto. Más bien la mandó al colegio universitario local donde enseñaban a cocinar.

¡No,… y no solo eso pasó! Un día llegó el papá a la casa y su madre le dijo algo al oído que lo enfureció de tal grado que le levantó la mano y le pegó. Mi madre se le enfrentó y le dijo que no le permitía levantarle la mano a su madre. Entonces el señor dio vuelta y le dio a ella también. Bueno, y para qué. Los ánimos estaban tan de punta, que mamá recogió su ropa y se fue de la casa. Se marchó a Filadelfia y aprendió la carrera de enfermera dietética en una universidad hospital. Luego de regresar a Guelph, durante los terribles años de la guerra mundial, mi madre no le permitía al papá venir a ver a mi hermanita Judy. ¡A ella la conocían como “la Princesita de su Abuelita”! ¡Por fin, gracias a la Princesita de la Abuelita, hubo toda una conciliación y todo fue pasando! 

Mi abuelo llegó a Costa Rica en 1951 a la casa en Agua Caliente de Cartago. Vino a ver a su nieto recién nacido. Pero lo que no lo gustó fueron unos pequeños temblores que lo asustaron y decidió regresar. Murió joven a los sesenta años de edad. Antes le dijo a mi madre, ¡“Que lástima que ya me tenga que morir, ahora que estoy en el mejor momento de mi vida”!

Evelyn Smith de Robson:

Mi abuela materna se llama Evelyn Smith Robson. De visita en aquella ocasión, mi madre y abuelita me llevaron a la calle de las botellas. Me bajaron del carro y fui a caminar por una acera, hecha de los fondos de las botellas. O sea, las botellas se encontraban clavadas de pico para abajo y el fondo de la botella era lo que servía para pasar encima. ¡Sí, me fui a caminar sobre esa curiosidad, pero pensé que en mi casa, las aceras eran mucho mejor! Claro en Cartago, allá en Agua Caliente en la finca y en la nueva casa en San Pedro, teníamos aceras de verdad. Costa Rica era mejor. Pero bueno en toda justicia, si tenían televisión y tenían mejores chocolates.

Mi abuela tuvo durante muchos años la costumbre de salir después de almorzar y montarse en el bus y darle una vuelta a la ciudad. Como era una ciudad pequeña de 22,000 habitantes, el chofer del bus, la conocía muy bien y hasta la esperaba en la parada frente a su casa hasta que se subiera. Se regresaba a la casa luego de dar la vuelta completa, todo el circuito en el bus. La escuché llamar al taxi y decir, “Ah yes, le habla Mrs. Robson. ¡Por favor manden un taxi”! A los pocos minutos llegaba y el chofer se salía del carro para abrirle la puerta. Que momentos. Claro ese trato y esa cortesía ya no se conoce. Quizás en ese tiempo era más la era de la elegancia.

¡Los domingos llegaban unos familiares que los tenían que recibir, pero que en realidad no hubieran preferido evitar! Claro, si es que a mí me lo explicaron: Es que el Tío Bush, Efraín Smith, le gustaba llegar a tomarse sus buenos tragos y tenía fama de ser tan aburrido. El whisky se empieza a tomar después de las cuatro de la tarde y no antes. Tampoco se le pone agua, sino en las rocas. ¡Cuando en las rocas quedaba el Tío Bush, ya lo podían devolver a su casa y tratar de atrasar futuras invitaciones! Ese era un hermano y otra hermana llamada Violet, tampoco la querían. Mi abuela la agarró dándole un buen beso a mi abuelo. ¡Parece que fue un beso robado! Por varias razones muy buenas, les hacían la cruz…

La estadía se fue terminando y ya era hora de regresarnos a Costa Rica, porque las vacaciones de medio año terminaban.

Cuando ya salimos para Costa Rica, pasamos a Miami y nos quedamos en el Columbus Hotel. Me compraron el “Fuerte Apache”, con indios y vaqueros, todo en cinco dólares. Costa Rica no tenía juguetes. Frente al Teatro Melico, antigua Raventós, vendían unos camioncitos hechizos, pero no muy buenos. ¡Un fuerte apache era un juguete de lo mejor que había en ese tiempo!

Mi madre quería quedarse unos días ahí en compras. Entonces me llevó al aeropuerto y me mandó solo, pero con un hada madrina muy especial. Doña Marita Orlich, esposa de don Chico Orlich, ex presidente y Benemérito de la Patria, también viajaba de regreso y me encomendaron a doña Marita.

El Vuelo:

En cierta parte del vuelo de regreso el piloto empezó a maniobrar para apartarse del mal tiempo que amenazaba la costa centroamericana. Casi siempre la ruta aérea al salir de Miami es bajar por los cayos de la Florida y luego pasar por encima de la Bahía de Cochinos en Cuba. Luego sigue sobre el Mar Caribe hasta hacer contacto con la torre de Gran Cayman. En esta ocasión no descendió y siguió adelante hasta alcanzar el Cabo Gracias a Dios en Honduras, de donde hace un viraje al sur siguiendo la costa hasta pasar por encima del Río San Juan. Pero el mal tiempo imperaba en la zona norte de Costa Rica, por lo que el piloto muy hábilmente busca de nuevo la costa.

Ya para este momento, el vuelo nos tenía sudando frio porque al volar relativamente bajo, el efecto de los vientos y los cambios de presión atmosférica jugaban con ese pequeño avión que se atrevía a surcar los aires tormentosos. De pronto el avión se va en picada, obligada por las presiones y el piloto logra controlar de nuevo y volver a subir a su nivel de vuelo. ¡Mientras tanto los pasajeros están mareados y el primero toma la bolsa de papel   del asiento para vomitar! Los vasos caen al piso. El aeromozo trata de sostener todo para que no siguieran cayendo, pero los movimientos bruscos, los golpes que sufre el avión, a merced de los vientos cruzados y contradictorios, hacen que sigan cayendo platos y vasos de vidrio al suelo. Las personas vomitan y ese sonido hace que yo también siga su ejemplo.

Doña Marita de Orlich:

En eso doña Martita esta a mi lado, y con una campanita devocional empieza a agitarla suavemente. “Oiga la campanita”, me decía doña Marita. Entonces le ponía atención y no escuchaba la secuencia lógica de los golpes y mareos de los demás pasajeros. ¡Quizás doña Marita rezaba, pero yo solo escuchaba la campanita!

Aterrizaje en el aeropuerto de Limón

Después de un largo viaje anunciaron que llegábamos a Limón. De pronto el avión rompe el cerco de las nubes y la pista de aterrizaje de Limón se acerca. Desde un lado no se ve la pista y parecía que bajábamos a las aguas revoltosas. Por la ventana solo veía el mar tumultuoso y las olas encrespadas y al último momento que pareciera que cayéramos al mar,… tocamos tierra firme. Estábamos a salvo.    

Al bajarnos por la escalerilla, un agente me dio un paraguas y el viento, que aun era tan fuerte, que me trataba de arrancar el paraguas de las manos. Caminar sobre tierra firme fue tranquilizante y entramos a un galerón que servía para atender a los pasajeros. Con doña Marita nos esperamos una o dos horas, pero es que no nos precisaba. Estábamos mas que contentos sentados ahí en bancas de madera. Yo le pregunté a doña Marita si venían a llevarnos o si nos íbamos por tierra, cuando nos avisaron que el avión salía de nuevo.

Al no tener otra manera para salir a San José, salvo por la línea de tren, nos fuimos de nuevo del hangar camino a la nave. El avión ya lo habían arreglado un poco por dentro y el olor nauseabundo desapareció. ¡Despegó después de las lluvias y en una ruta directa conocida por los pilotes experimentados de Lacsa, de pronto vi por la ventana, la cuesta de Ochomogo, camino a San José, donde va llegando a El Alto y lo pude reconocer! Los nubarrones estaban quebrados y más dispersos, después de los aguaceros y ya el avión no se torturaba, deslizándose para un lado u otro. Aterrizamos en el Aeropuerto El Coco en Alajuela. Era el nuevo aeropuerto que se empezó a utilizar después de 1952.

Al entrar a la sala de migración pasé rápidamente. En mi maletín lo que más llevaba era un tesoro de chocolates, paletas, y otros surtidos. Al abrir la puerta de salida, ahí estaba mi padre esperando, estaba ansioso y me indicó que me ajustara la corbata, porque estaba un poco desguindada. Ah,  un hijo, un niño pequeño solo entiende, que sus padres son todo en su vida.

Ya de regreso en la casa esa tarde, llegaron mis amiguitos a visitarme y tuve el gusto de regalarles todo mi tesoro de chocolates y dulces.  Desde luego que dos días después me arrepentí. Ya me sentía bien de nuevo. ¡Pero quedaba el Fuerte Apache!

¡Nunca me olvidé de doña Marita de Orlich! Que señora más de respeto y de tanta dignidad.
Ya han pasado muchos años y los antiguos aviones de batalla de Lacsa, se han modernizado en jets de mucha seguridad. Pero cierto es, que una persona casi nunca olvida atraves de su vida, las muestras de cariño, la ayuda que otro pasajero en la vida le demuestre. Un acto de caridad, una sonrisa afectiva, o un apretón de manos, habla mucho de una persona y hace que uno nunca olvide.

Nunca supe más del Tío Bush, o de la Tía Vio. Después tuve sueños con mi abuela donde me sonreía. Pero me hubiera gustado más.

Así pasaron sus vidas, pero cuando me recuerdo de doña Marita, me queda una sonrisa y un agradecimiento.

Fraser Pirie
Aguacal1@yahoo.com

Foto:

Beverley Robson, abajo Doña Marita de Orlich / imágenes suministradas por Fraser Pirie

 

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Post your comment comment Comments (3 posted)

  • Posted by Piero M, 07 October, 2011
    Gracias de nuevo por comparir otra aventura. Desde Cincinnati , Ohio
  • Posted by LUZMARY, 06 October, 2011
    ¡¡ES UN ENCANTO!! Q NOS CUENTE DE SU MAMÁ,OJALA LO SIGA HACIENDO.DOÑA JUDITH FUE UNA MUJER ELEGANTE, EDUCADA CON BUENOS MODALES,Y SOBRETODO BUENA PERSONA,MIS HERMANAS Y YO DESDE EL SILENCIO LE GUARDAMOS EL CARIÑO Y RESPETO DE SIEMPRE.UN SALUDO.
  • Posted by Ana Isabel Herrera Sotillo, 04 October, 2011
    Me complace que escriba estos artículos, quedarán para la Historia! Muchos recuerdos le quedaron de ese viaje, y sobre todo la compañera de lujo al regreso, doña Marita... qué orgullo, y qué aventuras tuvieron al regreso. Felicidades, Fraser!
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