EL PORTAL DE MIS ABUELOS

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EL PORTAL DE MIS ABUELOS 

Una Historia navideña por Esteban J. Leiva Picado

Recuerdos muy borrosos, de navidades lejanas en el tiempo, me ubican sentado en una sala de una casa, solamente iluminada,  por las luces de un  portal.  Recuerdo estar abstraído y maravillado de aquel paisaje en miniatura, observando las imágenes de aquel  portal entre claroscuros formados por las penumbras y las luces multicolores. De fondo en el ambiente se escuchaban villancicos y el tema Noche de Paz que sonaba en un viejo tocadiscos.
 
El disco de Noche de Paz era de 33 revoluciones, pero muy pequeño, más pequeño aún que los viejos discos de 45, un disco poco común de color rojo; y los bombillos del portal eran grandes como fresas pero de muchos colores y aleatoriamente encendían y apagaban en un confuso patrón.
 
Eran, tardes – noches, mágicas, sentado absorto viendo las figuritas del portal, parecía como si en algún momento fueran a moverse, como si el pastor que cargaba la oveja en algún descuido daría el paso sin que yo lo viera.
 
Yo estaba muy pequeño, no recuerdo con exactitud pero no había entrado a la escuela; no recuerdo mucho, pero esa imagen de la sala oscura y un lindo portal está como un óleo en un lienzo, pintado en la memoria.
 
Después de aquello, recuerdo claramente que navidad tras navidad, tras navidad, la tradición era llegar a la sala con las luces apagadas a ver el portal que cuidadosa y devotamente elaboraban mis abuelos.  Había que llegar desde la tarde, porque a las cinco de la tarde mi abuela ponía Radio Rumbo para escuchar los villancicos, y oyendo aquellos cantos al Niño Dios caía la noche y las luces del portal parecían brillar aún con más intensidad.
 
Ese portal era mágico y cada navidad lanzaba un llamado para que los que siempre lo visitábamos no faltáramos a la cita de cada diciembre.
 
Un año mi abuela ya no estuvo para sentarse a contemplar el portal con sus villancicos, ya que enfermó y se fue, pero el portal se quedó durante muchas navidades, como si fuera a durar para siempre.  Así llegaron los nortes con sus fríos de cada diciembre, nos visitaron año tras año, y el pelo de mi abuelo pasó de negro a gris, y su caminar se hizo lento pero no cansado, siempre tuvo sus fuerzas para hacer una milpita, sembrar unos ayotes, mantener la chayotera y darle la bienvenida a cada diciembre con su tradicional portal.
 
Un día mi abuelo decidió cambiar el pasito del portal pues con el paso de los años algunos pastores habían perdido sus brazos y hasta la virgen había perdido su nariz. Pero aquel pasito era especial, yo había pasado muchas navidades en torno a él, no podía irse así porque así, entonces le dije a mi abuelo que me lo regalara y él accedió, hoy todavía lo conservo como un tesoro.
 
Y volviendo al cuento, mi abuelo tuvo pasito nuevo; con ese Nacimiento pasaron otras muchas navidades, muchos rezos del niño.
 
La tradición de llegar a ver el portal continuó: a todos los chiquillos que admirábamos ese portal ya nos habían pasado muchos almanaques por delante, pero la tradición de ver ese portal nunca la perdí. Cada navidad había que llegar a verlo, sentarse a conversar a oscuras en la sala iluminada  tan sólo  por las luces del portal, luces mágicas estratégicamente puestas para que iluminaran las caras de los Reyes Magos, la Virgen y San José.
 
Así el siglo XX se acabó y los años ya no se contaban en mil sino en dos mil, así pasó el dos mil uno, luego el dos y el tres hasta que llegó el dos mil ocho.
Ese año mi abuelo le hizo una publicidad especial para hacer las visitas navideñas o lo que también llaman las posadas de la Virgen. El 24 de diciembre los vecinos cargaban la imagen de María en procesión, simbolizando los días en que, en Belén, la Virgen anduvo pidiendo posada antes del nacimiento del Niño Dios.
 
Ese 2008 la casa se llenó a reventar; mi tío Raúl juntó a mis tías Vera y Flor  y  un grupo de colaboradores alistaron café, aguadulce, bolsitas con confites y maní para los chiquillos. Entre los invitados había vecinos, familiares y toda la descendencia de mi abuelo, hijos, yernos, nueras, nietos, bisnietos, toda la familia. Fue una gran celebración pues se conmemoraba el nacimiento del Niño Dios y el de mi abuelo, quien cumplía años el 24 de diciembre.
 
El portal de ese año fue muy lindo; recuerdo a mi abuelo de pie con su bastón frente al portal, observándolo y conversando conmigo mientras yo estaba en uno de los sillones de la sala.
 
¡Había que ver ese portal con la luz apagada! Los caminitos estaban iluminados y las casas y las figuras recibían una luz que las hacía parecer vivas. Muy lindo fue el portal de ese año y las visitas navideñas lo estuvieron también: todos comieron mucho, hubo pan casero hecho en el horno de barro del patio, cánticos de villancicos y todo lo que la tradición indica para un 24 de diciembre.
 
Al finalizar todos se fueron muy contentos, pasó la navidad y vino el rezo del niño que estuvo también muy bonito.
 
Esa sería la última navidad de mi abuelo y su último portal, en marzo de 2009 se fue para siempre a celebrar las siguientes navidades con el mismito Niñito Dios.
 
Dedicado a la memoria de mis abuelos y su eterno portal navideño: Clara Rosa Martínez Hernández y Abraham Leiva Leiva, y con cariño para mis padres quienes me llevaron al portal de mi abuelo desde que yo era muy pequeño.

Foto: Pasito del último portal elaborado por Abrahan Leiva Leiva / imagen de Esteban Leiva Picado

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Post your comment comment Comments (5 posted)

  • Posted by Esteban J. Leiva Picado, 26 December, 2011
    Hola Isabel, muchas gracias por su comentario, feliz navidad para usted también, en unión de su familia y amigos.
  • Posted by Isabel, 26 December, 2011
    Esteban, espero que hayas pasado una Felíz Navidad junto con tu familia. Qué historia mas conmovedora, son tradiciones que llevamos siempre, todo gracias a nuestros antepasados, espero que esta tradición no se acabe, a mi en lo personal, cada año me gusta hacer un portalito más grande porque Dios nos repara cada años más cosas, nunca nos desampara. Que DIOS tenga en sus regazos a sus abuelitos como a los míos por la enseñanza que nos han dado. Gracias por compartir esta historia con nosotros, lástima que todo vaya pasando, nosotros deseamos que no se termine, espero que nuestros hijos y demás descendientes sigan con esta bella tradición.
  • Posted by Rolando Enrique Pereira Molina, 24 December, 2011
    FELICITACIONES ABUELITAS MIAS DE PARAISO,QUE AUN CONSERVAN LAS TRADICIONES QUE VIVI CUANDO PEQUENO.QUE LINDO ERA.A MIS 57 ANOS RECUERDO A MI ABUELA DONA HORTELINA COTO GUEVARA Y A MI PAPA LANGO YTODOS LOS PEREIRA COTO.PARAISENOS DE SEPA Y TRADICION Y QUE HOY DESCANSAN EN LA PAZ DEL SR.JOVENES PARAISENOS,HAGAN TODO POR CONSERVAR LAS TRADICIONES DE SUS PAPAS Y ABUELO. DR.ACADEMICO EN METALURGIA ROLANDO ENRIQUE PEREIRA MOLNA. www.facebook.com/conservacionrestauracion www.facebook.com/anticorrosivulcostaricametalurgica
  • Posted by Esteban J. Leiva Picado, 24 December, 2011
    Saludos Ana Isabel, gracias por sus comentarios, el pasito está guardadado, bien protegido, junto a otras reliquias de mis antepasados. Saludos.
  • Posted by Ana Isabel Herrera Sotillo, 23 December, 2011
    Es una historia preciosa, Esteban. El recuerdo del portal de la casa de los abuelos, desde que estaba pequeñito. Y qué pasó con el Pasito antiguo que le regalaron cuando compraron el nuevo. Todavía lo tiene?
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