REPORTAJE: MAL ABORDAJE DEL SUICIDIO EN COSTA RICA / PARTE I

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Esta Navidad miles de costarricenses pensaron en familia, felicidad y celebración. No obstante, existe un sector de la población que pasó la época de Navidad, fin y principio de año pensando en quitarse la vida. Algunas personas efectivamente se suicidaron.

La Cruz Roja Costarricense reporta que en la Región Cartago en esta Navidad se atendieron principalmente llamadas por intentos de suicidio, con uno de ellos lamentablemente concretado. En otros sectores del país otras personas también pusieron fin a sus propias vidas.

Lo más grave de todo es que el problema no es de una época del año, sino de todos los días, y al hacer un diagnóstico del abordaje del suicidio en Costa Rica, queda en evidencia el manejo deficiente que se da al problema en nuestro país.

Desconocimiento del fenómeno por parte de la sociedad en general, una estigmatización social del problema, poca o nula preparación en cuerpos de rescate y carencia de sistemas de apoyo a sobrevivientes del suicidio son algunos de los obstáculos que hacen que Costa Rica marche a paso lento en la prevención y el tratamiento del suicidio.

El problema en cifras

Las estadísticas de conducta suicida mortal (fallecimientos por suicidio) y conducta suicida no mortal (intentos fallidos de suicidio) van en aumento y no existe en nuestro sistema una política pública que atienda el problema.

Datos estadísticos del Poder Judicial indican que en Costa Rica se suicida casi una persona al día, es decir, alguien se quitó la vida ayer, alguien más lo hizo hoy y alguna otra persona lamentablemente lo hará mañana. 

Las cifras de muerte por suicidio pasaron de más de 200 anuales hasta el año 2002 a más de 300 por año a partir del 2003.

En el 2006 se llegó a la cifra más alta registrada hasta el momento: 380 personas cometieron suicidio, es decir, en promedio más de una persona se quitó la vida cada día de ese año.

Según datos del Proyecto Estado de la Nación, las tasas de mortalidad por suicidio han venido en aumento, pasando de 5.9 a 8.9 en diez años (1996-2006), y superando las tasas de homicidio en algunos años como 1990 y 2000. 

El Instituto Nacional de Estadística y Censos señala que en el 2003, el 2004 y el 2006, el Organismo de Investigación Judicial atendió más suicidios que homicidios dolosos.

Lo más alarmante es que estas cifras corresponden a fallecimientos por auto-eliminación, no obstante, el Dr. Mauricio Campos, médico psiquiatra del Hospital Psiquiátrico y miembro fundador de la Asociación Costarricense para el Estudio y la Prevención del Suicidio, señala que según datos estadísticos, por cada muerte por suicidio, se dan entre 10 y 20 intentos.

Esto implica que si en un solo año se suicidaron 380 personas en Costa Rica, se puede deducir que al menos 3.800 personas más pensaron en hacerlo en ese mismo año.

Por este motivo se hace urgente atender el problema, ya que como explica el Dr. Campos, una serie de factores biológicos, psicológicos, culturales y de contexto inmediato se combinan y son los que llevaron a casi 3.500 personas (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) a quitarse la vida en Costa Rica sólo en el periodo 2000-2010.

¿Des-información? El suicidio en los medios

A pesar de la gravedad de la situación, la opinión pública podría pensar erróneamente que en Costa Rica muy poca gente tiene ideación suicida, explica el Dr. Campos.

Al tratar de contestar la pregunta de por qué en Costa Rica se desconocen las dimensiones reales del suicidio y en ocasiones se estigmatiza a quienes manifiestan ideación suicida, surge una respuesta cultural: el suicidio es un tabú en nuestra sociedad.

“El suicidio es asqueroso y ese es el tabú: nos da miedo hablar del suicidio. ¿Cómo romper con eso? Sólo hablando de suicidio. Así como hay noticias de robo, homicidio y asalto, tiene que haber noticias de suicidio”, señala el sociólogo y criminólogo Domingo Abarca, quien se ha dedicado a investigar sobre suicidio y es Vicepresidente ante la Red Mundial de Suicidólogos.

Al consultar al Colegio de Periodistas de Costa Rica sobre su política con respecto a la publicación de noticias sobre suicidio, Juan José Arce, representante del Area de Comunicación y Capacitación, afirma que podría publicarse la noticia citando la causa sin darle seguimiento al drama personal, sino ampliándola a lo colectivo.

Ante la objeción que podrían presentar algunos al afirmar que las noticias sobre suicidio aumentarían la incidencia de éste, el sociólogo Abarca afirma que el suicidio no es contagioso. Con esto concuerda la psicóloga clínica Lindsey Martínez, Jefa de la Unidad de Psicología de la Cruz Roja.

Desde su formación y su experiencia en el tratamiento de pacientes con ideación suicida tanto en situaciones de rescate como en consultas psicológicas, Martínez duda que una persona deprimida o con deseos de cometer suicidio proceda a auto-eliminarse al ver una noticia sobre un acto suicida.

El Dr. Campos agrega que no se puede culpar a las noticias por los suicidios. Campos explica que se trata de un fenómeno complejo y que no se puede aislar una causa ni decir que un artículo de periódico indujo a una persona a quitarse la vida.

Siguiendo esta línea de pensamiento, Abarca y Martínez recomiendan que como actores sociales de gran alcance, los medios de comunicación renuncien a su silencio y tomen un rol activo en la divulgación del fenómeno de manera responsable, dejando de lado el sensacionalismo y capacitándose en materia de cobertura del suicidio.

En Costa Rica ni siquiera los cuerpos de rescate cuentan con formación sobre suicidio.

Abarca, Campos y Martínez coinciden en que es necesario capacitar no sólo a los periodistas sino a la población en general, incluyendo al sector de estudiantes de primaria y secundaria para lograr cambios estructurales.

Sin embargo, un obstáculo con el que se topan capacitadores e investigadores en los centros educativos del país, es el mito de que si se le habla a los jóvenes del suicido, en cierta manera se les incita a cometerlo.

En consecuencia, suicidio y muerte son palabras prohibidas en algunos colegios y escuelas del país.

Pero no son sólo los estudiantes los que carecen de formación en este ámbito, sino que policía, bomberos, paramédicos y rescatistas tienen un largo camino por recorrer para alcanzar el ideal de instrucción y conocimiento del tema.

Micartago.com conversó con representantes de diversos cuerpos de rescate del país y todos concuerdan en la necesidad de mayor capacitación para atender casos de suicidio.

La policía

Eric Lacayo, Director de la Fuerza Pública, sostiene que en la Academia de Policía no se brinda formación psicológica para negociar con personas que amenazan con quitarse la vida.

Esto implica que cuando un oficial de policía es el primero en atender una llamada por amenaza de suicidio, debe proceder según su instinto o experiencia, puesto que no tiene un bagaje formal al respecto.

Lacayo agrega que muchas experiencias de violencia intrafamiliar terminan en suicidio y que el suicida en una situación de esta naturaleza no se va solo, sino que termina matando niños, a la pareja o a otras personas, por lo cual es un problema grave.

Los bomberos

Una situación similar de desconocimiento viven los otros cuerpos de rescate. Wilberth Figueroa, Jefe de Bomberos de Cartago, indica que la entidad tiene conocimiento técnico para proceder a rescates en distintos contextos como la azotea de un edificio, en un puente o en un precipicio, pero no saben cómo proceder en términos de negociación o psicología.

Figueroa considera este tipo de capacitación muy necesaria porque se han dado casos en que, por ejemplo, una persona rocía su casa con gasolina y tiene un arma de fuego o una caja de fósforos en su mano y amenaza con iniciar un incendio para quitarse la vida.

La situación se agrava aún más cuando hay casas contiguo a la vivienda o cuando hay otras personas dentro de la casa de habitación.

Los bomberos algunas veces deben manejar la emergencia mientras llegan personeros de la Cruz Roja, por lo cual este vacío en su formación viene en detrimento de la atención a este tipo de emergencias.

La Cruz Roja

En lo que respecta a la Cruz Roja Costarricense, la entidad cuenta con una Unidad de Psicología, pero ésta se conforma de tan sólo trece psicólogos voluntarios para todo el país, quienes se manejan primordialmente en el Area Metropolitana.

Esto significa que ante una emergencia por tentativa de suicidio en Guanacaste, Pérez Zeledón, Zona Atlántica, Zona Norte, Pacífico Sur y demás sectores fuera del Area Metropolitana, las posibilidades de atención son muy bajas.

Además los miembros de esta Unidad tienen disponibilidad condicionada a su horario de trabajo, por lo que, dependiendo de la hora del suceso, aunque este se diera en San José o sectores aledaños, podría no haber ningún psicólogo disponible.

Los paramédicos, por su parte, deben capacitarse en primeros auxilios psicológicos para poder ejercer su labor. Dentro de esta formación se contempla el manejo del suicidio, aunque no se trata de una capacitación exhaustiva.

Martínez manifiesta que urge al menos un psicólogo de planta en la Cruz Roja, aunque lo ideal sería todo un equipo que pueda atender casos de personas con ideación suicida. No obstante, no hay presupuesto para ello.

Consecuentemente existe un gran vacío y el número de personas que toman un veneno, unas pastillas, un arma, una soga o cualquier otro instrumento para quitarse la vida sigue en aumento.

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  • Posted by Domingo Abarca, 04 January, 2012
    En nombre de la Red Mundial de Suicidiología y en el mío propio -como ciudadano costarricense, amante de la vida y que por mi propia experiencia repudia el sufrimiento ante la pérdida de seres queridos por eventos de suicidio- le felicitamos de todo corazón por sus valoraciones analíticas y el abordaje al suicidio, como fenómeno que bulle con fijo hacia la desolación y al despojo de muchas de vida. Ojalá las autoridades políticas y de gobierno que se dicen enarbolar la bandera de LA VIDA y ensalzar el respeto a la VIDA y a los DERECHOS DE LOS SERES HUMANOS destinen alguna parte de sus presupuestos a fines tan requeridos como la capacitación, especialización y perfeccionamiento de muchos funcionarios de diversas instituciones públicas y privadas –incluyendo medios de prensa- así como de diversas organizaciones de base comunitario. USTED PRESENTA EL RETO EN ESTE ENRIQUECEDOR ARTÍCULO Y ESPERAMOS QUE SE LO ACEPTEN. Que Dios le bendiga, Rita.
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