EL JARDÍN DE LOS DUENDES

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Fraser Pirie comparte un cuento, sobre el día cuando él, siendo un niño, se fue a buscar a los duendes que él creía, vivían en las matas de bambú de la antigua finca Agua Caliente en Cartago.


El Jardín de los Duendes

Por Fraser Pirie


Esa mañana de verano, en Agua Caliente, era un día muy especial, porque íbamos a buscar a los duendes. Ya teníamos informes, porque un chiquito dijo que él había visto un duende. Estábamos muy confiados en poder ver y, tal vez, hasta hablar con los duendes.

A eso de las 8:00 de la mañana salimos de la casa, que antes existía frente a la Escuela Juan Vásquez de Coronado, en Agua Caliente de Cartago. Pasamos por debajo del antiguo higuerón y seguimos para adentro por el callejón empedrado. Después de diez minutos llegamos al frente del antiguo beneficio con sus patios, y al frente, en la esquina, el galerón de la leña. El misterioso galerón era un edificio sin paredes, donde se dejaba secando la leña en grandes esquivas. A un lado estaba la antigua volanta que usaban los Troyo cuando viajaban a Cartago.  

Al frente del galerón, el callejón doblaba al sur y frente al bambú, seguía bajando hasta pasar el famoso y muy antiguo puente que daba paso a un lote llamado El Espinal.
La cuadrilla de los peones estaba en el cafetal llamado El Galerón, efectuando una poda a las matas de café que ya habían pasado por su ciclo y así se generaba nueva madera y a la vez una nueva cosecha de café en fruta.

 Del camino que bajaba al puente, hoy principal entrada a la hacienda, se tomaban unos pasos al este y ahí estaban las primeras matas de bambú. En total, eran cuatro manzanas totalmente de bambú amarillo.  Nosotros entramos al bosque de bambú amarillo con mucho sigilo y cuidado para no asustar a los duendes. Caminamos casi en puntillas, para escondernos  detrás de los matones y esperar pacientemente.


Esa mañana el movimiento rítmico y la gran paz que rodeaba todo el bosque de bambú me dejó sonámbulo y al rato dormido entre las hojas secas.

Fue ahí cuando llegaron los duendes, claro, el primero que se animó en acercarse, me lanzó unas arenitas mágicas que hace dormir a un niño. Por eso los niños se rascan los ojos antes de caer dormidos. No saben que el duende de las arenitas ha llegado. ¡Al caer en ese sueño, me brincó encima el primer duende y llamó al Rey de los Duendes y al Hada Madrina para ver que podían hacer para que se despertara y se fuera ese niño del Jardín!  
Unos pensaron que, tal vez, si una hormiga lo picara, eso lo despertaría. Otros empezaron a brincar en su espalda para ver si acaso así. Cuando por fin se despertó de ese corto sueño en el Jardín de los Duendes, fue porque don Augusto Araya, el mandador, lo alzaba.

“Yo vi un duende”, le contaba a don Augusto, quien se sonreía, claro don Augusto también sabía la verdad, el también había visto los duendes salir corriendo a esconderse debajo de las hojas secas y en las macollas del bambú. ¡De eso yo estaba seguro!

Aún quedan los matones de bambú, que fueron traídos desde la lejana China hace ya más de cien años.

Los recuerdos inundan a quienes han vivido los años maravillosos, acá en el Valle Sagrado, en Agua Caliente de Cartago.

¡También los duendes recuerdan y quedaron muy molestos porque al cortar el bosque de bambú, casi se termina el Jardín de los Duendes! Pero se mudaron de casa. ¡Don Augusto los vio salir caminando en fila india y se fueron!  Decían que se fueron refunfuñando, pero el Rey de los Duendes ya tenía otro lugar visto.

Unos dijeron que se fueron para Tapantí, a los inmensos bosques montañosos. Pero yo sigo creyendo que los duendes se quedaron cerca, en un matón de bambú en la finca Agua Caliente.

Mañana, tal vez, voy a ver si los logro ver en el Jardín de los Duendes.

Fraser Pirie
Aguacal1@yahoo.com

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Post your comment comment Comments (1 posted)

  • Posted by BARBARA SIEGELE, 26 February, 2012
    muy lindo recuerdo y si hay duendes..
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