DE CARTAGO A SAN BLAS: RECUERDOS DE PASEOS Y AVENTURAS

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Carlos Chavarría, de sus recuerdos de infancia comparte la historia de los viajes que hacía a pie desde el Centro de Cartago al Rodeo, al norte de San Blas, por calles de polvo, entre fincas y potreros hoy convertidos en  construcciones que solo dejan espacio a los recuerdos.

DE CARTAGO A SAN BLAS:  RECUERDOS DE PASEOS Y AVENTURAS

Por Carlos Chavarría Quesada


Éramos varios en la familia que salíamos a visitar cada año, a veces en navidad, la casa de mi tío abuelo Lelo, a su esposa Abilia y familia.

Lelo era hermano de mi abuelo, que cariñosamente llamábamos "pipa" aunque su nombre era Manuel Chavarría, tenia una parcelita algo grande donde sembraba sus hortalizas, maíz, papa, yuca y otras.

A la par estaba su casita de madera sin pintar, con piso de tierra y excusado de hueco, además la casita tenia un jardincito muy sencillo pero muy bonito al frente de la casa donde cerquita había un saguán con unas banquitas de madera donde nos gustaba descansar.

La casita tenia unas ventanas que no tenían vidrio sino que se cerraban desde dentro cuando llegaba la noche.

Como les contaba, mis tías paternas, mi mama, mis primas, mi abuela y yo salíamos de Cartago y subíamos en tropel la calle que lleva a San Blas y que sube donde esta La Basílica de los Ángeles. Alcanzábamos la plaza de San Blas y seguíamos recto al norte como queriendo llegar a Tierra Blanca.

Continuábamos  subiendo y pasábamos donde actualmente cruza la carretera al Volcán Irazú, a la derecha solo habían lindos potreros y también casitas sencillas de agricultores de la zona por donde por cierto, estaban y aún están, un montón de piedras de todo tamaño que seguramente han sido el resultado de la actividad geológica y volcánica del norte de Cartago.

Era en la zona del Rodeo donde  estaba la parcela con la casita, al llegar  entrábamos y mis tías se disponían a saludar a la señora y a dar abrazos por doquier, seguidamente algunos se sentaban en los muebles de madera de la sala y otros nos íbamos a caminar por los alrededores.

Al medio día, Abilia, mi tía, nos llamaba porque ya era hora de almorzar, cuando llegábamos a la mesa de la cocina, había una deliciosa sopa caliente que solo ella sabía hacer, deliciosa!! Otra ricura eran sus tortillas caseras y calientes que hacían juego con la exquisita sopa de verduras y carne con su arrocito caliente.


Pasando a rememorar otros detalles, nunca olvido a  mi tío Lelo, una persona con sombrero sencillo, descalzo y muy agachado que pasaba siempre por allí y por acá, quien nunca nos saludaba, me imagino que andaba en sus tareas diarias ya fuera sembrando o haciendo quien sabe que.

Me acuerdo que antes y después del almuerzo los chiquillos nos íbamos a jugar detrás de la casa, terreno que tenia sembrado el misterioso tío abuelo.

Nunca se me olvidaran las cosas maravillosas que hacíamos para pasar el rato, jugábamos a escondidas, quedó congelado, todo siempre era detrás de la casa donde nuestro tío tenia su parcela.

Más allá de la casa seguía la calle empedrada en dirección a Tierra Blanca, pero por ser un niño yo tenía gran curiosidad en saber que existía mas allá de la casa que visitábamos.

 En aquel tiempo yo estaba en la escuela Ascensión Esquivel y todo aquel viaje era  para mi algo misterioso, un lugar al que  no podía ir solo, pues si no, mis papas podían enojarse.

Otra cosa que nunca olvidare es el cuarto donde dormían mis tíos, su camita y en la pared fotos y pinturas de los santos a los cuales se tenía mucha devoción. Una de ellas era  una Santa que tiene un par de ojos sostenidos en una de sus manos y en la otra algo así como una espiga, si no me equivoco, es Santa Lucia, una de las santas que mamá le rezaba, ya que yo siempre tuve problemas de la vista.

Lo más llamativo que recuerdo en especial en navidad es el portal de la sala, lleno de muñequitos, baquitas, burritos, soldados de guerra con sus pistolas, cañones, ovejas y al fondo el pesebre con María, José y muy cerquita los Reyes Magos.

Todo esto ya pasó, Lelo se murió, su esposa Abilia también, la casita de madera con piso de tierra,  las banquitas, la parcela ya no están, en su lugar, hay una casa de cemento.

Hoy,  mi niñez se fue también, junto con los lindos momentos que, ahora solo recuerdo, pero me queda aún poder comer una rica sopa de olla de carne con tortillas hechas a mano y un plato de arroz caliente a la par!!

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Post your comment comment Comments (2 posted)

  • Posted by muy cierto, 14 March, 2012
    aun puede comerse esa sopita, es cierto. ¡provecho!
  • Posted by Norma Leiva, 12 March, 2012
    Me gustó mucho tu nota Carlos, esas remembranzas de Cartago, poder de tener la oportunidad de volver el tiempo atrás y vivir esas experiencias una vez más. Como vos lo decís, es un placer para los que vivimos algo de esa Cartago antigua, disfrutar el aroma y el sabor de una olla de carne y ser transportados a esos rostros y lugares que ya no están pero que de niños los vivimos
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