¿CUANTOS MAS TIENEN QUE MORIR?

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¿Cuántos más tienen que morir ahogados en Semana Santa para que los vacacionistas tengan precaución y eviten este tipo de tragedia?

Me pregunto cuántas personas en el país están vivas en este momento, preparándose para viajar a la playa o a un río en los próximos días, sin imaginarse que el viaje de regreso, dentro de una semana, lo harán en una bolsa plástica, en un carro funerario o en uno de la morgue.

La mejor respuesta a ese cuestionamiento sería “Ninguna... ningún vacacionista morirá ahogado en los próximos días”, aunque las estadísticas contradicen esa afirmación. Un estudio del Centro de Investigación de Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR) señala que las muertes por sumersión han tenido una tendencia creciente desde hace treinta años.

Es irónico que la alegría y diversión del tiempo de ocio se conviertan en desgracia para muchas familias ante la pérdida de un ser querido por ahogo. Lo más lamentable de todo es que muchos decesos de este tipo suceden por la imprudencia de las personas.

En las playas del Pacífico Central se puede observar cómo los salvavidas hacen un esfuerzo muchas veces inútil por llamar la atención de las personas para que no naden en zonas marcadas como de corrientes peligrosas, o para que no se vayan a aguas profundas.

El estudio del CIMAR señala que existen corrientes llamadas de resaca, de hasta 50 metros de extensión, las cuales se producen a diferentes horas del día y jalan a las personas mar adentro. No obstante, hay quienes osan retar al mar.

Existen también aquellos a quienes quizás les parece gracioso adentrarse al mar, ingresar a una piscina o tirarse al río con algunos “traguitos de más”. Otros, sin saber nadar, se aventuran a “a darse un chapuzón” en aguas profundas o con fuertes corrientes, un chapuzón muy caro que será el último de sus vidas.

Hay también padres irresponsables que descuidan a sus hijos y delegan en los propios menores la responsabilidad de advertir el peligro y alejarse de él.

Es realmente lamentable que algunos, en actos verdaderamente heroicos y humanos, pierden su propia vida tratando de salvar a otros de la fuerza del mar o la corriente de un río. 

Los casos son muchos, la muerte de vacacionistas por ahogo es una terrible realidad en Costa Rica, una realidad estadísticamente creciente, estadísticamente alta durante Semana Santa y en muchos casos, fácilmente prevenible.

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