JOSÉ MERINO DEL RÍO Y SU LUCHA SIN FIN

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El Lic. José Jacinto Brenes Molina, escribe sobre José Merino del Río, lo califica como un luchador indispensable y coherente que no dejó nunca de luchar por las mejores causas de la humanidad. 

JOSÉ MERINO DEL RÍO Y SU LUCHA SIN FIN

Por José Jacinto Brenes Molina


Cuando un amigo se va, deja un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo. Cuando un amigo se va, deja un tizón encendido que no se puede apagar ni con las aguas de un río…
Alberto Cortez

Hay hombres indispensables y Merino lo fue. Hay hombres coherentes y José Merino lo fue, hasta el día en que la energía de su cuerpo voló a otra dimensión. Hay hombres de lucha y José Merino no dejó de luchar por las mejores causas de la humanidad, sino hasta el último minuto de su vida.

Hombre indispensable porque nunca abandonó a su pueblo, desde que pisó suelo costarricense en 1970 adoptó esta Patria, la hizo suya, luchó por ella, echó raíces, se identificó con sus sueños y los hizo suyos. AlCOA, el Combo del ICE, el TLC son algunas de las luchas más significativas de mil que dio. Siempre dijo su verdad y aprovechó todas las trincheras que tuvo al alcance: la cátedra universitaria, la columna periodística, las efemérides patrias, las gestas sindicales, las manifestaciones callejeras, la charla, la curul, el partido... Lo vimos identificado con los sueños guanacastecos, cada 25 de julio, ante la demagogia y el engaño de uno y otro gobernante; diciendo presente ante los movimientos reinvindicativos de Limón, luchando al lado de Japdeva y su dirigencia sindical. Inolvidable la imagen de Merino caminando por Puerto Viejo en apoyo a las comunidades costeras del Caribe Sur de nuestro país. Estuvo  en todo el país, donde se requiriera su presencia, sin llamarlo el acudía a escuchar a su pueblo, a ponerse de su lado y a decir presente. Quién no conoció a Merino, qué pueblo de Costa Rica no grabó su rostro, que ciudadano no supo de su verbo encendido, de su palabra ardiente y comprometida. Dos veces diputado por diferentes partidos y supo convertirse, no en un representante provinciano, sino en un auténtico diputado nacional como lo ordena la Constitución. Merino fue un adalid de la democracia, crítico, pensante, con las ideas claras, siempre a favor de los más débiles, con la respuesta justa, con los argumentos certeros e irrebatibles. Por todo ello Merino se convirtió en un hombre indispensable.

Pocos hombres como Merino, coherente, transparente, comprometido con la palabra, una palabra con sabor a pueblo, de fino lenguaje, respetuoso, pero enérgico, sin medias tintas, directo, valiente, claro; no escondía su pensamiento, no se avergonzaba de sus ideas sociales de avanzada; supo como pocos, decirlas, defenderlas, pregonarlas por aquí, por allá, por todas partes. Hizo de la verdad su religión, del compromiso su práctica, de la justicia su convicción. Raro especímen, Merino del Río, en un medio de mentira, de demagogia, de engaños, de sepulcros blanqueados, de falta de compromiso. Surge cual Cid Campeador con la espada de la palabra en su boca proponiendo ideas revolucionarias, visualizando una Patria mejor, un mundo más justo, más equitativo, de mayor compromiso con los pobres. En fin, un hombre coherente.

Un hombre de lucha, de lucha sin fin. Dejaba una trinchera para ocupar otra. Escribía un libro, hacía un discurso, daba una clase, organizaba su partido, caminaba al lado de su pueblo en las calles, dialogaba, tomaba el pulso al país, iba a la radio, comparecía en la televisión cada vez que le daban un pequeño espacio, siempre enarbolando su compromiso con el Estado Social de Derecho, con la democracia, con la defensa de la institucionalidad, con la justicia social, los derechos de los trabajadores, por una economía horizontal, por las batallas de las comunidades en defensa de su desarrollo. Recientemente luchaba por salvar a la Caja, por mayores y mejores oportunidades para el pueblo, por una democracia más auténtica, por la gobernabilidad, contra la corrupción galopante, contra toda injusticia, en defensa de los pueblos de la tierra, de los movimientos sociales que soplaran vientos de cambio, en fin toda su energía la entregó por las mejores causas de la humanidad. Así las cosas, José Merino del Río fue un hombre indispensable, coherente, y quien asumió con claridad que la lucha por el bienestar de los pueblos es una lucha sin fin. Su ejemplo ha de inspirar a muchos para que sus ideales sigan vivos en cada uno de nosotros. El mejor homenaje a su memoria es imitarlos en su pensamiento y en su acción. Prolonguemos el olvido que somos honrando de esta manera su memoria.

Foto: José Merino del Río, en una de sus luchas, imagen tomada en Cartago. / Del archivo de Esteban Leiva Picado para www.micartago.com

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