LA FUNDACIÓN Y DESARROLLO DE LA HACIENDA FLORENCIA, TERCERA PARTE

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Fraser Pirie continúa con su serie de artículos “La Fundación y Desarrollo de la Hacienda Florencia” , en esta entrega narra el periodo comprendido entre el año 1960 y el año 2000, momento que Don Alejandro Pirie Muere y la administración de la gran hacienda Florencia pasa a manos de su esposa Judith y de sus hijos.    


 “La Fundación y Desarrollo de la Hacienda Florencia”

Los Años de Trabajo  1960-2000

 

Fraser Pirie


Sorpresivamente, mi padre Alejandro Pirie murió en forma trágica el 2 de octubre de 1962. De los hechos que muy difícilmente se han podido reconstruir después de ese fatídico día,  ya a las cinco de la tarde se montó al jeep Land Rover para regresarse a San José porque iban para una fiesta muy buena esa noche. Horas después el guarda fue a llamar a Dora Araya y con Teresa Araya la hija del mandador, se fijaron por una ventana del taller de ebanistería que mi padre acostumbraba trabajar.  En el piso yacía  tirado en un charco de sangre. Cuando llegó el juez de turno en esa época, lo encontraron ya fallecido. Unas circunstancias señalaban el suicidio, pero otras, de las pocas pruebas verdaderamente recabadas por el forense, señalaban que la bala que le perforó el graneo fue disparada de afuera y desde un ángulo superior entrándole a la masa. Otras señalan un asesinato, y se llegó a pensar en un asunto de faldas y como dirían ahora un  ajuste de cuentas.

Ante esta tragedia para nosotros sus hijos, que nunca se recuperan totalmente de la ausencia de un padre, nuestra madre Judith Robson, una machita demostró a través de los años su gran capacidad de trabajo e inteligencia. La primera cosa era aprender a firmar un cheque y don Mike Brown del Banco Lyon le enseñó todos los detalles.  Pero a la vez, aconsejaba vender de inmediato los inmuebles. “¡Venda todo”! A los días un sindicato de compradores, que es un grupo de personas que se unen para realizar una gestión de compra llegó con don Alfredo Monge. Don Hubert Federspiel  y otros ofrecieron diecisiete millones de colones por Florencia.  ¡La  señora se sentía vulnerable porque hasta su consejero, don Alfredo le traía compradores, demostrándole su falta de apoyo y confianza en el futuro!

De manera inequívoca rechaza toda oferta y decide sacar la empresa adelante para sus hijos de quienes considera los verdaderos dueños de la propiedad. No se sentía dueña ella, sino como depositaria al futuro de los jóvenes. A los días llegó otro a exigir el pago inmediato de tal suma por un préstamo que le había hecho al macho. Aprendía a duros golpes a rechazar los intentos de fraude y tanto más. Al llegar a Florencia encontró dos problemas gerenciales inmensos. Habían varias personas que firmaban cheques. Entonces cada quien retiraba dinero para lo que más le interesaba. Entonces eliminó los demás firmantes de cheques y consolidó las cuentas para poder así lograr saber cual era su verdadero saldo bancario. El segundo problema, radica en más de diecisiete diferentes préstamos bancarios, y no muy bien atendidos. Los bancos se estaban poniendo nerviosos. Ante ese nerviosismo del principal acreedor el Banco Crédito Agrícola de Cartago, decidió poner sus cartas en la mesa.

Llegó al Banco un día en Cartago, en pantalón y botas de cuero café y bajo los brazos los libros contables. Pidió reunirse con el Gerente. Cuando quizás por curiosidad más que nada, el gerente la recibió y la señora expuso su problema y cómo creía poder superar el mar de deudas, por compras de maquinaria y demás. Creemos que la impresión de recibir a esta señora que luchaba por surgir y arreglar las cuentas y en la gran caballerosidad de don Guillermo llega a un arreglo satisfactorio. Al cabo de un año, cada mes llegaba a tomarse un café al Banco, mientras que le revisaban la contabilidad y muy rápidamente salió de muchas cuentas.

La Llegada del Banco Crédito a Turrialba:
Con el Río Reventado en Cartago, que casi por un milagro de Dios no se abalanzó sobre la centro de la ciudad, era incomodó el pago de planillas y el manejo de dinero. Gracias al buen entendimiento con el Banco Crédito y su buen trato, la señora cerró las cuentas del Banco Nacional en Turrialba para sorpresa de esos personeros más indiferentes. Una mañana de aquellos del café, le pidió la apertura de una agencia en Turrialba por las dificultades de transporte de dinero en efectivo. A la vez ofreció abrir cuentas de inmediato. Y así se hizo. La Cuenta Especial No. 21 era para el pago de caña y la cuenta 22 era la principal. A un lado del hoy edificio en la botica estaba esa agencia. Así llegó el Banco Crédito Agrícola a Turrialba. Hoy tienen un gran edificio y una multitud de clientes, pero de esta manera fue como llegó el Bancredito a Turrialba.

Surgían multitudes de problemas. Un día llegó al apartado postal una carta anónima. En la carta explicaban que el mandador se robaba el abono para una finca en Limón y que estaba solamente cuando llegaban los gerentes. Me recuerdo que esa carta sacudió las bases de la empresa, porque la señora decidió cambiar de día y llegar cuando no se esperaba. El Mandador no estaba y la realidad era aparente. Entonces empezó a buscar a quien podía colocar en ese importante trabajo. Entonces recordó a un señor llamado Francisco Chico Mora, bajito de estatura y fuerte como un oso, quien como encargado de una cuadrilla había siempre sido muy correcto. Con tarjetas de control de personal para cada  cuadrilla se contaban cabezas para controlar la planilla fantasma. La empresa estaba tan mal manejada que la perdida de todo control administrativo le provocaba perdidas. Entonces don Chico fue nombrado y empezó a verse el dramático cambio en la mentalidad de todos y la exigencia de buenos resultados.

En el Ingenio los cambios fueron dramáticos también. Don Carlos Brenes era el Jefe de Mantenimiento y obras en el Ingenio Florencia. Era un experto en cada maquina, y conocía cada tornillo de ese ingenio. Don Alcides Porras era el Jefe de Azúcar. Su hermano era el Tachero. Insignes trabajadores que luchaban para levantar la empresa. Don Carlos, don Alcides y su hermano trabajaron en la empresa toda su vida y nosotros siempre quedamos muy agradecidos con ellos. Al tiempo, su hijo también fue tachero con un ojo perfeccionado para saber cuando estaba a punto la miel.

En esa época dorada, la caña que se procesaba en Turrialba era principalmente la “PJ”. Entonces se llamaba la “piojota”. Era una caña que duraba más de un año en madurar, entonces era excelente para ingenio. Con  esa caña tan dulce, el ingenio se paraba por dos meses para la “reparación” y seguía adelante la nueva zafra, llueva o haga sol. A los años esas cañas fueron desapareciendo y entraron las nuevas variedades de un año y de igual manera los ingenios redujeron la zafra a cuatro o cinco meses. En Florencia la señora les pidió hacer la reparación del ingenio con materiales reciclables. O sea, que buscaran en los botaderos chatarras que se puedan reciclar. ¡Apareció tanto material que la reparación del ingenio se hizo con chatarras durante dos años!     

Ante esta nueva iniciativa, la empresa empezaba a dar buenas ganancias y con ese producto cancelaba sus deudas en los bancos. La empresa se encontraba libre de deudas y totalmente sembrada de caña. Por ejemplo en los terrenos al sur del Ingenio, se encontraban excelentes potreros para las yuntas de bueyes y la incontable cantidad de caballos. Entonces Chico Mora se dedicó a sembrar todo ese llano de caña y los caballos se fueron quitando así como las yuntas y demás. ¡Era una empresa azucarera!

Agitación Comunista:
En esos días de grandes cambios y sacudidas en la empresa, fue despedido un hombre de la finca. Este de apellido R. era principiante en activismo político y con muchos resentimientos. En diferentes momentos se reunía con la gente de la finca para sembrar el odio, la lucha de clases, y demás ideologías ya muy superadas en nuestro tiempo. Por ejemplo un día iban dando la vuelta a las cuadrillas la señora con don Chico el mandador. Al llegar a una, la señora saludó a los señores desde su caballo. Todos saludaron quitándose el sombrero los caballeros y uno no lo hizo. Entonces don Chico se lanzó del caballo y lo increpó, el porque no había saludado. Ese hombre cayó al suelo y al ponerse de pie, la empresa se había ganado un enemigo.

Al final de la carretera camino a Pavas de Florencia, había una casa solitaria de un familia llamado Noe. Noe  era una persona querida y respetada en la finca. Venían todas las semanas cartas anónimas, indicando los cañales que iban a ser quemadas y a quienes iban a machetear. Claro, las amenazas para don Chico Mora eran muy inquietantes. Entonces se contactó a los detectives en San José y estos empezaron una investigación. ¡En media averiguación de las amenazas, mandaron a avisar que allá en Pavas estaban quemándose cañales! Se lograron apagar los incendios a tiempo antes de que se quemara la casa de don Noe. En dicha casa estaban niños pequeños jugando a solas. Ante esa situación tan atenuante los detectives desarmaron el complot y tristemente Noe apareció que se había dejado convencer y hasta manipular por aquel agitador R. El hecho de la casi muerte de sus propios niños lo conmovió y contó todo lo que habían planeado.

Años después, este mismo señor R. se lanzó en una campaña electoral. Una tarde fueron a Florencia arriba y como todo el pueblo llegó inocentemente a escuchar las proclamas electorales, se llegaron a sentir tan acogidos, que volvieron con más vehemencia. Esa noche en la casa del administrador el pastor alemán que cuidaba la casa apareció muerto. En nuestro tiempo de ahora, sería una señal de que los ladrones planeaban una visita. Pero en ese tiempo, esas cosas no sucedían y era el viejo veneno que calentaba de nuevo. Entonces este grupo agitador y de promesas falsas, empezaron a entrar por la línea férrea. Pero esta vez fueron del mismo pueblo que levantaron firmas y protestas en contra del comunismo. Una mujer llamada Filiberta Brenes se enfrentó a los agitadores y les ganó la partida. Fueron terminando de esa manera la agitación social de los grupos de izquierda. Costa Rica también había madurado más y el activismo social ya no era necesario para lograr cambios de orden social a favor de los trabajadores.          

En el año 1969, la señora ya manejaba muy bien la empresa y todo marchaba bien. Una tarde llegó a tomar te,  el señor Alberto Pinto Gutiérrez. Don Alberto era dueño de las fincas de arriba de Florencia. Las ofrecía en venta. Para dichas fincas pedía don Alberto un precio de $300.000.oo Entonces la señora al empezar dicha negociación le indicaba que el precio del café estaba muy deprimido y sería difícil que las fincas se pagaran. La Margarita era una y la otra la Pradera. Don Alberto, muy caballeroso como siempre logró la venta en esa suma. Para los últimos días de diciembre de 1969, recogían los últimos granos de café y el 1 de enero de 1970, entramos en posesión de las fincas.
        
Las nuevas fincas se llamarían Hacienda La Andrea, S.A. y Hacienda Escocia, S.A. La primera tarea fue subir con un tractor de oruga para abrir caminos. El único camino era en realidad de la Plaza de Florencia Arriba a la casa de don Alberto. Entonces se logra subir cortando caminos y haciéndolos más anchos otros, para así dar acceso al hoy camino público. Las fincas tenían bastante café pero no tanta caña. Por lo general, en las fincas se sembraba caña en las áreas cultivables con tractor y café en las laderas o sitios no tractorables. Estas fincas se fueron transformando en áreas lo más productivos posibles. La señora sentía que algo favorable iba a pasar con el precio del café. Un año después de la compra de las fincas, el precio del café subió en forma espectacular y con la venta del café en fruta se logra la cancelación de las fincas. Fue un acto de Dios y quizás especulativa pero la señora confiaba en su buena suerte y su agudo sentido de pronóstico, que le ofreció la oportunidad de cancelar las fincas.

La Quiebra de Cachí:
La Hacienda Florencia iba bien. En vez de fletear el azúcar, ya la empresa manejaba dos cabezales para su propio transporte del azúcar a las bodegas de la Liga de la Caña. Se había comprado una cargadora de caña Cameco y  las inmensas planillas empezaron a bajar. Es decir, en vez de cien personas cargando caña a los trailers, con la cargadora se logra bajar un 40% ese inmenso costo. La empresa empezó entregando sus humildes cuatro mil fanegas de café al Beneficiadora Cachí en Orosi. Se dependía durante siete meses al año de la caña y los otros meses el personal se empleaba en las largas cogidas de café. Para nosotros eran humildes cuatro mil fanegas, porque en Juan Viñas de hablaban de más de veinte mil fanegas. Lo que se les caía al suelo durante las lluvias constantes en Juan Viñas eran más de tres mil fanegas. ¡Entonces nosotros decíamos, que lo que a Juan Viñas se les cae, es la totalidad de nuestra cosecha!
Un día llegó el personero de esa Beneficiadora a ofrecernos ventajas con don Ramón Aguilar Facio. Don Ramón era Vicepresidente en el gobierno del Presidente Carazo, y parecía una buena empresa. Un par de cosechas y Cachí estaba ya procesando 120.000 fanegas. Contaba con buenos pagos y los cheques eran buenos. Pero don Ramón parece que estaba especulando y con la helada del café en Brasil el café subió a $294.oo. Nunca en su historia se había visto un precio tan extraordinario. Pero pensaba que el precio iba a subir más y más. En vez de vender varias cosechas a ese precio se esperó y el precio internacional fue decayendo. Se ha hablado de especulación y tuvieron otros problemas, pero no vimos la realidad hasta que fuera muy tarde.

En los días de máxima cosecha cuando se entregaban cien a doscientas fanegas y luego subía a su máxima entrega o pico de cosecha, de pronto Cachí no pudo hacer un pago. Aun así con promesas telefónicas, se volvió a entregar más hasta que Alejandro dio la contra-orden de paralizar las entregas. El restante de café de esa cosecha se entrega en la Hacienda Atirro. Don Ramón entró en quiebra y nunca recibimos ni un cinco de ese dinero adeudado. Para mi fue impresionante la soberbia de don Ramón porque al preguntarle en una ocasión, si le podía comprar un equipo de ordeño que ya lo tenía en desuso, me indicó con toda claridad, ¡“Yo nunca vendo,… yo solo compro”!

El efecto de no contar con el presupuesto siguiente producto del café, la empresa tuvo serias consecuencias. Despidos de personal, recortes de compra de fertilizantes, y de  herbicidas. Entonces se dejaron áreas sin cultivar de caña por no poderlos atender correctamente. Ese círculo vicioso se fue extendiendo y la producción decayó alarmantemente. Lógicamente, al producir menos azúcar y con más dificultad económica, importantes clientes se fueron apartando de nuestro Ingenio Florencia y se pasaron a Atirro.

Ante esa panorámica tan extenuante y difícil, fui llamado a tratar de ayudar para sacar adelante de nuevo a la empresa. Entonces, calculé que si la caña no venía a nosotros, nosotros deberíamos ir por la caña. En forma callada fui a Pavones y frente a Francosta, instalamos una romana para pesar y recibir caña ahí mismo. La caña de Pavones que se entregaba ahí, era igual a entregarla abajo en el Ingenio. Bueno por razones prácticas de fletes y costos, muchos clientes volvieron a entregarnos su caña. Visitaba a los señores garantizándoles su cheque oportunamente el viernes por la mañana. Tímidamente, los clientes comprobaban la efectividad del pago y al salir bien empezó la caña jalando fuertemente para Florencia. Luego otra grúa, tipo pluma, se instala en Sitio Mata. Un golpe fuerte, fue instalar otra en el centro de La Suiza. Esa grúa sería como decir en la puerta de los Atirros. La empresa no tenía préstamos bancarios, estaba libre de gravámenes hipotecarios, pero estaba desfasada ante la inminente quiebra de Cachí.    

En Florencia, la zafra levantaba vuelo y el ingenio trabajaba bastante bien. Había equipos antiguos que eran difíciles de cambiar. Por ejemplo dos de los cuatro molinos de caña, por donde tenía que pasar la cama de caña fresca, y ser aplastada para sacarle el jugo que se convertiría en azúcar, era manejada por la Curliss. La curliss había sido sacada de un vapor de mar y ese brazo giraba incesantemente moviendo los molinos. Un señor que ya se me olvida su nombre era quien manejaba la máquina y solo él la mantenía siempre trabajando. Es decir esa maquinaria vieja, rencorosa, delicada, era vista con todo amor por este trabajador dedicado y cuidadoso con su amorío. Eran personas así, las que trabajaban año con año, logrando que saliera la excelente calidad de azúcar de Florencia en un ingenio no tan moderno. Eran orgullosos de su producto, orgullosos de trabajar en Florencia.  Si se iba la corriente eléctrica, a cualquier hora de la noche mandaban a llamar a la gente y subían al tacho a remover las paletas de los tanque donde reposaba la magma o miel para que no se endureciera. Hora tras hora removiendo la masa para que no se endureciera. Trabajo extenuante y agotador. Así eran los trabajadores del Ingenio Florencia con su gran sentido de responsabilidad y de buena fe.

El Beneficio:
En la búsqueda de nuevas soluciones a problemas financieros, descubrimos el antiguo beneficio Florencia. A la par de la Planta Eléctrica, y debajo de zacates de guinea y árboles de poró que habían tomado por completo las ruinas, apareció el beneficio. Se cortaron y se arrancaron los porós y se chapeo y luego como una carpeta se recogió el piso de tierra y se espantaron las culebras. Por debajo estaban las increíbles instalaciones de cemento pulido. Amplia la instalación fisica. Empezamos a construir un techo de perling y zinc. Negociamos la instalación de equipos con el Grupo La Meseta y se negoció con ellos la chancada de todo el café en fruta a cien colones la fanega. Así ese primer año empezaron a llegar camiones y chapulines cargados de café en fruta que se descargaban arriba en el troje o recibidor. De ahí flotaba con agua para abajo hasta pasar por los chancadores y los lavadores para luego ser enviado al depósito para salir por la madrugada ya todo chancado en un cabezal. Excelente negocio. Se hizo muy bien. Con la primera cosecha se cancelaron las deudas de la inversión y de pronto teníamos una buena  planta húmeda para café, para futuras cosechas a finales de los 80’s. Después de varias cosechas, la Meseta instaló su propia planta en El Eslabón, que según reportes costaba 50 millones de colones. Para ese entonces ya el beneficio Florencia tenía secadoras y trabajaba de lo más bien. Es decir, un beneficio instalado, trabajando, que ya estaba pagado y cancelado. Pero surgía el problema de que mi hermano Alejandro deseaba manejar todo él y bueno, ya sabía como hacerlo.

Con los señores de Atirro, nos sentíamos siempre con cierta amenaza. Nosotros los veíamos a ellos como excelentes en todo su labor. Como tenían el fertilizante a mano, el equipo trabajando, y sentíamos que todo les era fácil. La señora nos decía que no creyéramos que todo era fácil para ellos, solo que nunca se sabía nada de las encerronas y la actualidad de ellos. Cuando dábamos en los primeros años una vuelta en avioneta encima de los cañales de Atirro, volvíamos a ver la verdadera condición de los cañales. Ya el Ingenio Aragón había cerrado y mucha caña del norte de Turrialba nos llegaba. Se pensaba que un solo ingenio iba llegar al final y queríamos que fuera Florencia por su ubicación más central.  

La caña seguía entrando a Florencia y ya con esa tarea realizada me retiré de Florencia. Unos años después nuevamente tuve que entrar a luchar de nuevo por levantar la empresa. A mi hermano Alejandro, siempre le reconocí su capacidad industrial. Su conocimiento de cómo opera la maquinaria, la parte mecánica, la parte funcional u operativa. Ese era su fuerte. La parte financiera no era su fuerte, ni el trato hacia los demás. Bueno todos tenemos áreas fuertes y áreas débiles. Mi hermana Judy si tenía un gran conocimiento en el área económico y sabía llevar bien las cuentas. Por lo menos eso se creía en ese entonces. Mi fuerte, creo yo, era visión de futuro. Poder ver más allá de mi nariz y proyectar hacia el futuro. Unir las tres gestiones, y combinarlas adecuadamente y en balance era la función de la señora. Uno pide una maquinaria nueva para el ingenio; otro dice no tenemos el dinero presupuestado; y el tercero daba el balance para una buena gestión, y sí se compraba o no. Cuando ese trío podía estar unido, la empresa mejoraba. Como ejemplo del desbalance, el señor del ingenio calculó que con una nueva caldera tipo turbo, con el residuo de bagazo del ingenio, se podría volver a usar como combustible y generar nuestra propia energía eléctrica. Sonaba bien. Él calculó la capacidad de molienda en 30 toneladas de caña por hora. En condiciones buenas, esa era la realidad. Pero en lo práctico no lo era. Sin el balance correcto calculó que el gasto sería unos diez millones de colones, tal vez once millones. Con sola esa estimación se empezaron los trabajos y sin financiamiento alguno se procedió. ¡Costó al final casi treinta millones de colones! Desfinanció fuertemente a la empresa. Nuevamente los cañales y los cafetales sufrieron por falta de dinero para su mantenimiento. Y por último, la caldera turbo aunque trabajaba bien cuando el ingenio lograba trabajar a plena capacidad de treinta toneladas por hora, obligaba a desconectarla por falta de bagazo. Errores de errores,… u horrores.     

La Bahía de Brown:
En esa época el ICE pidió permiso para hacer unas exploraciones en la ribera del cañón de la bahía de Brown y empezaron sus perforaciones. En la historia de Florencia un predicador Bautista de apellido Van Brown había llegado a Turrialba y empezó su iglesia Bautista. Mucha gente en ese tiempo los volvía a ver como dementes, como de extrañas costumbres. Pero Mr. Brown sigue adelante, hasta que un día se fue a bañar a esa poza en el Río Reventazón y se ahogó. Así se le conoció después, como la Bahía de Brown. En donde hoy día llega la nueva calle a la represa de Angostura, es la Bahía de Brown. Los cañales también se le conocían como los “brown”. Precisamente en ese sitio el Río Reventazón con toda su fuerza se estrellaba contra un paredón de piedra y sustancia muy dura. Obligada así el río gira al este y vuelve después de una gran curva hasta llegar al bajo del puente de Eslabón. Esa curva tan forzada, formó lo que conocíamos como la isla de Brown. Después se le puso el nombre de Panda. Para llegar se iba uno hasta el fondo de Brown y con sumo cuidado un pasillo, tipo puente de un carro de ancho, hasta abrirse totalmente a esa isla. Como era de unas diez hectáreas abrimos paso entre la selva y se introdujo un tractor para destroncar y preparar para sembrar. Empezaron a aparecer pequeñas pirámides de piedra que eran cementerios indígenas preservados por lo inaccesible. Del Catie nos pidieron los científicos, que dejáramos eso así para preservar las mariposas pero eso no entendía bien hace tantos años. Se volvieron unos cañales excelentes. Ahora están preservados para siempre, bajo las aguas de la represa de La Angostura.

Cuando volví por segunda vez, encontré las planillas infladísimas y que costaba mucho poder pagar la planilla quincenal. El personal de campo desmotivado. Caña normal de afuera, pero la caña de la finca bajando de peso y de calidad.  Entonces forcé la situación para tomar más control, más mando y empezamos mi hermano y yo a planear mejor las estrategias para salir adelante.    

Por ejemplo, las planillas del campo eran astronómicas y simplemente no alcanzaba la cobija para pagarlas. Algo había que hacer. Entonces hablé con las señoras que abonaban y otros y empezamos con despidos. Me recuerdo pagos cada quincena de cinco mil colones para cada señora. A los meses habían recibido las prestaciones y todos contentos. Cuando me encontraba con personal de campo, no muy interesados en su trabajo les hablaba y encontré que muchos no valoraban su trabajo y más bien querían,… que les pagaran.  Entonces el plan de prestaciones seguía y cada quincena se iba bajando la planilla y a la vez cancelando los derechos a la gente no interesada.

Esto produjo de inmediato una respuesta  en el personal muy favorable. Don Oscar Ureña al cuido de la caña y don Baltasar Torres al cargo del café. Un día viajaba por la finca revisando cañales y trabajos por realizar y otra mañana con Baltasar visitando cafetales. Análisis de suelos, estudios de nematología, y mejoras en los herbicidas cambiaron la parte de la finca. Un poco de interés propio hace que la empresa surja. Claro, todo eso me hizo enamorarme de esas tierras, y al ver resultados y un personal orgulloso de los cambios y las mejoras. Florencia cambiaba y se notaba.

Una mañana en el Ingenio, el tornillo gigantesco que sostiene a fuerza un molino se agrietó y se paraliza de viaje en Ingenio. Bueno, existía el repuesto y aun hubo que pasar todo el día en la reparación.  Esa tarde iba adelante el arreglo, con el patio lleno de caña, y el subsiguiente peligro de que la caña se echara a perder. Estábamos los dos hermanos en la oscuridad del atardecer cuando vimos un jeep acercarse sin luces. Al llegar vimos que eran don Arturo y su hermano don Otto, que llegaban con las luces apagadas. ¡Les salimos de frente, y nos ofrecieron ayuda recibiéndonos la caña! Esa era una muestra de cómo era esa rivalidad tan extraña. Nunca he entendido como un competidor puede gozar del mal del otro. Otros me han dicho, que estoy equivocado y que así no eran las cosas. Bueno talvez, pero la posible quiebra de Florencia hubiera significado la salvación de ellos. A los años, las verdades. No siente ninguna adversidad hacia ellos, solamente que nos cuidábamos mucho de ellos.

Los estudios del Ice avanzaron y al ser la posibles paredes naturales de la Bahía Brown sólidos y compactos de piedra, el Ice empezó el trámite de comprar los terrenos que ocuparían para el Proyecto Hidroeléctrico La Angostura. Al final compraron 200 hectáreas de caña de la zona baja de los terrenos conocido como Puente de Tierra, los 90’s, Los Chiles, y los Escocias. Toda esa caña que antes suplía al ingenio ya dejaría de llegar y significó el final del ingenio. Ya eso era fuerza mayor, porque el futuro no se detiene y el progreso exigía los cambios.

Ante esa disyuntiva, apareció un comprador que entra en negociaciones y procede a la compra de todo Florencia.  Se fijó el precio y los términos y así pasó a manos del señor José Heinrich la totalidad de la finca y el ingenio. Cuando el plazo pasaba y no llegaba a ningún arreglo de pago, la señora se reúne con él en privado y este como caballero le pide seis meses para su pago. Eso se acuerda a pura palabra. ¡A los seis meses el caballero sostiene que él nunca se había reunido con la señora y se niega a todo pago! El asunto pasa de inmediato a despacho judicial y una mañana mucho tiempo después, la finca es rematada a favor del dueño original. Así la señora recobra su propiedad. Pero el caballero antes mencionado sigue en luchas buscando como obviar el proceso y hacer de la justicia… un juego. Al tomar de nuevo las instalaciones, se encuentra que han desaparecido todos los motores y mucha maquinaria indispensables. Yo quería empezar de nuevo el ingenio. Así también la señora, pero mis hermanos ya no tenían el interés de empezar de nuevo.

De esta manera se fue liquidando el ingenio y la vida cambió para muchas personas. Pero recuerda la memoria, los buenos momentos, los días de lucha contra la adversidad, la sinceridad de todas las personas que vivieron en Florencia y recuerdan con agrado los días de su vida.  Tantas familias que tuvieron un beneficio directo de esa empresa y como yo,… sienten como aman a Florencia.   

Foto  Hacienda Florencia vista desde Pavones de Turrialba desde el Mirador Pochotel, embalse de la represa angostura que inundó parte de la Hacienda Florencia, Restos de lo que fue el ingenio de Florencia, tomadas por Esteban Leiva Picado

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  • Posted by Francisco Brenes, 29 November, 2009
    Me toco vivir gran parte de mi vida en la central trabaje en el ingenio desde 1964 hasta 1994 que ceso funciones.con 11 años labore en la oficina en Turrialba con Juan Rodriguez,alli llegaba don Alejandro Pirie y Alfredo Monge. Don Alejandro llegaba en tren a turrialba,o en un jeep Land Rover celeste,tuve el placer de trabajar con doña Judy Pirie en la decada de los sesenta, en la decada de los ochenta fui trabajador de confianza de los Pirie y participe en grandes proyectos como el montaje de una turbina en molinos, una caldera de 30.000 psi, un turbo generador de 750 kw y el momtaje del beneficio, Mi padre Toño Brenes fue chofer de confianza en la empresa, transportando miel, almacigo a Cartago y de vuelta traia leña o caña, Tengo muchas anecdotas que contar, acerca de mi querida Florencia, estoy haciendo una coleccion de fotos. Francisco Brenes. image
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