LA SIRENA DEL CAFÉ

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Fraser Pirie describe  un día tradicional, cogiendo café en una hacienda en Cartago Costa Rica. La vida y las leyes de la finca, el mandador y el cafetal.

“La Sirena del Café”

Por Fraser Pirie

El frío de la madrugada, no nos permitía salir del calor de las cobijas. Unos minutos más, suplicábamos a la almohada. Pero de pronto la sirena en los altos de una torre empezó a bramar el sonido estridente que nos hizo brincar atolondrados y confundidos de nuestras camas. Seguía el estallido de la sirena que no daba descanso hasta por fin ir bajando su arranque y misericordiosamente parar del todo. Eran las seis de mañana de un día de verano de 1958.

Salimos al corredor, pero ya toda la gente que trabajaba en la finca estaba en su labor. La bruma nos alcanzaba y se interpretaba que esa mañana no era apta para salir. Claro, si éramos chiquillos de ocho años de la ciudad, sin tanto conocimiento de ir a tomar una taza de café en jarro metálico. Fueron las primeras impresiones en la vida de la vida del cafetal y que claro, en una taza metálica sabe mejor el café.

La finca de café 1958:

En el tiempo de las fincas de café, en Costa Rica se pagaban unos centavos por hora. Antes mi padre había anotado su preocupación porque un jornal costaba siete colones y no sabía cómo iban a pagar tanto. Ya cuando el gobierno liberacionista fue subiendo los sueldos, a mí me tocaba irme con el chapulinista a cargar leña en la carreta y luego llevar la carga al galerón. Los peones cuando en sus labores pasaban con las podas al café y las descumbras de los árboles de sombra de poró y de guaba, dejaban la leña ya arreglada a la par del callejón. Claro que la leña de guaba era mejor que la de poró. Porque la guaba era más dura y generaba más calor en el horno. Después entrarían las carretas de bueyes a llevarse cargas de leña que se calculaban en un metro o hasta metro y medio cúbico de leña. Pero para mí lo más importante era ganarme el sueldo. Claro a mi me pagaban menos, al igual que a las mujeres. Esto se entendía en ese tiempo, que a las mujeres se les pagara menos, porque tenían menos responsabilidad. ¡La responsabilidad era de los hombres! O sea, no necesitaban ganar más.

A las diez de la mañana sonaba la sirena de nuevo, pero allá lejos por la oficina. Ya habían llegado los almuerceros.

Eran los chiquillos que le traían el almuerzo al papá. Siempre tenían que haber llegado antes de la sirena. O si no, cada quien traía su propia mochila con el almuerzo frio.  Un guineo maduro con pinto. Quizás un huevo duro si las gallinas habían puesto. Un día, mi madre Judith Pirie me había mandado un almuerzo muy bueno. Dos san quiches con jalea de guaba hecha en casa. Entonces, los cambié con los peones. ¡Yo me comí un pinto con huevo y tortilla, y ellos probaron el pan que mi madre hacía en casa! Fue un excelente cambio.

Media hora después la sirena volvía a tomar fuerza con una pitada rápida. Ya la gente estaba de pie de nuevo al haber almorzado y haber tomado café frio. También era muy acostumbrado traer una botella de agua dulce. Un fresco de limón pero con mucho azúcar. Peligroso se considera tomar tanta azúcar. Pero le daba fuerza y energía para la tarea que faltaba.

El caite:

A don Ricardo Araya, hermano mayor de Tiburcio, ambos hermanos del mandador, yo siempre lo vi muy mayor. Conozco a sus hijos y descendientes. Pero don Ricardo nunca usó zapatos. Le gustaban los caites. El caite era una sandalia dura con tiras de cuero con que sujetarlas al pie. Deben de haber sido muy confortables. En esas épocas, en Costa Rica la gente no era toda calzada. Mucha gente iba a Cartago, digamos al mercado a comprar, e iban descalzos. Ni que les pusieran botas se las iban a poder poner. Ya la planta del pie se había endurecido y lo más sería talves, ponerse un caite. A finales de los años cincuentas fue que más y más gente empezaba a calzarse. Ahora es totalmente normal ver a todos con zapatos o botas puestas. Así fue el gran cambio social que se fue construyendo en el país.

El carrilero:

Como el café arábica era una mata muy grande, ancha, como una madre con enaguas muy anchas, se sembraba en el tiempo de antes en forma muy abierta. Entonces los peones se formaban en la larga fila al frente del cafetal. Empezaba el primero unos instantes antes que el segundo en fila.
 
Eran los mejores paleros. Iban con su pala carrilera bien afilada cortando como rebanadas el suelo negro. El monte nacido, las hojas secas, y demás lo tiraban al surco donde estaba la mata de café. Al último momento le daba vuelta a la pala. El monte y demás caían volteado de tal manera que se muriera la mala hierba. Todo eso encima del tronco y las raíces hacía que la mata fuera muy agradecida. Así de esta manera, en orden, iba tomando cada peón su cajón. El cajón sería aproximadamente seis varas por tres varas de ancho. Bastante trabajo y duro. Pero la gente gozaba en su trabajo. El carrilero era el encargado. El carrilero, era el mejor, el de mayor confianza del mandador. Este daba el paso a seguir. Todos tenían que sacar la misma tarea o los mismos cajones. ¡Pues sí, era cosa de orgullo!

El cuchillo:

Los señores grandes tenían su buen cuchillo. Una 26 con culata de cuero de colores. La mía era pequeña por ser yo de apenas catorce años. Un día don Tiburcio Araya, me enseñó a limpiar el cuchillo. Primero se cortaba un hijo de vástago de guineo. De inmediato brotaba el líquido interno del vástago. Entonces se tomaba un poco de tierra negra del cafetal y se ponía sobre el corte hecho al vástago. El cuchillo se frotaba sobre esa tierra y el líquido o leche de vástago. Como si fuera el mejor jabón de manos, el cuchillo quedaba limpio y brillante. Claro, si esa leche del vástago le tocaba la ropa hasta ahí, porque era una mancha imposible de sacar. Esa tierra era buena. Si una purruja lo picaba, uno se pellizcaba para que brotara un poco de sangre de la picada, y luego se untaba tierra negra encima. En diez minutos ya ni se sentía, porque la tierra neutralizaba el ardor. ¡No hay medicina igual!

Luego me enseñaron a sacarle el filo al cuchillo. Tenía que quedar muy parejo el filo y balanceado también para tener buen pulso. Nunca pude aprender lo suficiente para lograr un corte perfecto, siempre con el golpe en el mismo sitio. ¡Ah, pero si era bueno para cargar leña! ¿Cuánta gente sabe limpiar y afilar un cuchillo? Ahora, casi solo los abuelos.

La cogida de café:

Cuando ya llegaba ese momento especial del fin de año y de las cogidas de café, las familias llegaban primero para las compras de navidad y luego para la entradas de clases y la compra del cuaderno, el lápiz, y los zapatos. La gente se paraba de coger a la una y media para limpiar el café. Sentados en el piso o la orilla del callejón revisaban los sacos de café sacando el verde. O sea separar lo maduro del verde. Porque el mandador les podría quitar la cogida, ya que tenían que coger solo el maduro. A las dos en punto, la sirena proclamaba la hora feliz, la hora de la salida. ¡Como el que tocaba la sirena era el jardinero, y tenía reloj, todos podían confiar en una hora exacta!

Dentro del cafetal, el mandador tenía un encargado de dar calles. Entonces le tocaba asignar una o dos calles a un cogedor y así se organizaba en orden la faena de trabajo. Después se las recibía, repasando toda la calle para ver si había café regado en el piso, o si la mata quedaba muy arruinada. Porque se tenía que tomar la fruta entre los dedos y jalar. Eso era coger el café. Cuando venía con muchas hojas, era porque estaba sobada la rama y regañaban al fulano. El cafetal tenía su ley.


El descambiado:

A las 2:00 de la tarde, el chapulín iba llegando para la medida. La medida era donde se recogía el café maduro (y verde mezclado, que no aparenta tanto).La fila empezaba a formarse y el chapulinista volcaba el café. O sea, recibía el canasto y lo regaba dentro de la medida o tarro metálico en donde se medía la cantidad de una cajuela. El mandador, don Augusto Araya lanzaba al canasto el boleto. Ese boleto sería descambiado el viernes por la tarde en la oficina. ¿Cómo descambiado?

¡Bueno, así le decían a cambiar los boletos por dinero! “Cambiar” un boleto, sería por otro boleto. “Descambiar” era cambiar por dinero. Fácil.

Cuando ya la carreta estaba llena, se paraba la medida y salían al recibidor de café para descargar el producto. Aquí era bastante rápido, ya que se bajaba el café en dobles, que son unos tarros grandes rectangulares que tienen una medida de diez cajuelas. Dos dobles o 20 cajuelas, es una fanega de café. Pero una fanega de café seco y procesado. O sea un quintal de café oro.

Los Sea Bees:

En 1963, ya había fallecido mi padre Alejandro Pirie y se vino el desastre del Río Reventado. La cabeza de agua que bajaba desde los altos del Volcán Irazú causó muchos daños, pero se salvó milagrosamente la Ciudad de Cartago. En esos días, estaban en San José los Sea-Bees (si-bis) que son una unidad marina de ingenieros del ejército norteamericano, quienes ayudaban a la limpieza de San José a consecuencia de la ceniza del volcán. Entonces con tractores de oruga y equipos pesados empezaron a formar lo que hoy conocemos como los diques de Cartago. De su estadía en Cartago, muchos regresaron casados y más de una afortunada hizo maletas para vivir en ese país.

La primera intriga cafetalera que supe vino cuando un Vicepresidente de Costa Rica de esas épocas lejanas mandó a volar con dinamita y de emergencia, una represa que desde hacía cien años bifurcaba el agua del Río Agua Caliente por una tojía hacia el beneficio Agua Caliente. El Río Agua Caliente se forma después del puente principal en Tejar de El Guarco, cuando ese Río Reventado se junta con el Río Purires. De ahí en adelante hasta desembocar al Lago de Orosi, se llama el Agua Caliente. El gobierno mandó a volar esa represa y el beneficio antiguo se paralizó. Sin agua no se podría manejar el equipo. En ese entonces no se pensó en una mano macabra. Pero al tiempo se ganó el juicio contencioso contra el gobierno, quienes tuvieron que cancelar más de sesenta y siete mil colones por los daños. Pero fue el fin de ese antiguo beneficio. Mientras tanto, el café lo mandamos a un beneficio cercano.

No pasó nada. ¡Pero espere un momento! ¡No ve que el dueño de ese beneficio era el que había dado la orden de volar la represa! Se supo, pero nunca se pudo probar la mala orden. Pero seguimos adelante.

La descogida del café:

A las tres de la tarde, ya se había finalizado “la medida”. El café estaba en el recibidor grande de café o troje, esperando pasar por la maquinaria del beneficio. El mandador quien en realidad era un hombre muy importante en la vida, ya que decidía quien trabajaba y quien no, llamaba a las mujeres a la descogida del café.

Las mujeres las sentaban en frente a una mesa grande y larga. Podrían ser veinte señoras y jóvenes sentadas. Entonces don Augusto les traía diez sacos llenos de café. Sacos de 70 kilos de café (150 libras) para exportar, lo que llaman café oro. Los alzaba y los volcaba sobre la mesa larga y la tarea de las mujeres era descoger el grano. Era sacar a mano los granos quebrados, los negros y todo el que no conformaba con la calidad de primera. El se quedaba por ahí para ver que lo hicieran bien. Un trabajo bien aburrido. Cuando ya se importaran máquinas para hacer ese trabajo, fue otra labor que se terminó a causa de una máquina.

A las cinco de la tarde ya se guardaba todo. Y se iban a la casa a tomar café. Tal ves escuchar una novela en la radio como Los Tres Villalobos. Para así esperar una nueva jornada al día siguiente. Bueno, la sirena nos avisaría.

Así era un día en la finca de café.

Fraser Pirie
Aguacal1@yahoo.com

Foto Cogedor de café  tomada del sitio web del CATIE, con fines educativos e ilustrativos

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Post your comment comment Comments (3 posted)

  • Posted by Eugenia Fonseca, 30 September, 2009
    Ya le comente de sus articulos antes Senor Pirie,que recuerdos y que manera de exponer todo salen lagrimas al recordar mi papa escuchando los Tres Villalobos, y lo de El Volcan Irazu y como temblaba y los Sea Bees. No le molestaria si los copio,me parecen tan reales como si estuviera ahi en Cartago Gracias por los buenos recuerdos Eugenia Fonseca. image
  • Posted by gret, 13 August, 2009
    Un día de estos me di una vuelta por AguaCaliente, que tristeza me dio al ver la casa donde habitaba la familia Pirie totalmente destruida, como es posible que antiguedad tan carismatica fuera destruida, debería ser un patrimonio historico image
  • Posted by Eugenia Fonseca, 10 August, 2009
    Soy una cartaga que dejó el país hace ya unos cuantos años, no me vine a quedar pero el destino lo quiso así y dejé mi Cartago y mi Costa Rica con un dolor en el corazón y hoy gracias al Internet a través de micartago.com leí su comentario de el café. Mis padres tenían una finca de café en Ujarrás que dio trabajo a muchos y nosotros también cogíamos café ahí y de mi mente no se quitan lo recuerdos de la cogida de café, me transporto a estos días y aun puedo escuchar "donde va el corte"? y la risa y alegría cuando recibían pago los trabajadores que días buenos y simples y hoy aprendí como mi padre quizás vendió la finca pensando que era una buena transacción y bueno quizás no, pero ya él no está y nunca supe porque la vendió. Siempre que voy a CR es lo que más traigo mi cafecito y ya hasta por internet lo puedo ordenar y siempre tengo que decir "tan linda mi Costa Rica" . Gracias por su articulo de gran interés. Eugenia Fonseca image
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